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viernes, 7 de junio de 2013

Los proyectos no cumplidos

Termina otra semana de viajes y mucho trabajo. Responsabilidades y poco tiempo para escribir el blog. Me invade una sensación ambivalente de gratificación y frustración.

Por un lado, muchos avances en el ámbito de las obligaciones laborales. Por el otro lado, cero tiempo para dedicar a los pequeños proyectos que me había propuesto para la semana.

No pude retomar mis tan queridas clases de francés. No pude ir a tomar el té a Villa Ocampo, lugar que añoro conocer hace años. Tampoco pude ir a la primera charla del taller de creatividad literaria que tanto quería hacer.

Además, mi nuevo libro "París era una fiesta" de Hemingway reclama olvidado sobre mi mesa de luz. Sólo pude leer un capítulo.

Conclusión, tiempo para dedicar a lo que me gusta: nulo.

Sospecho que a todas las mujeres nos sucede lo mismo. Nos la pasamos haciendo proyectos y planes para luego no cumplir ninguno.

Si yo que tengo ayuda en casa y aún no tengo hijos padezco de esta condición, no quiero imaginar lo que queda para el resto de las mujeres.

La que tenga tiempo para hacer todo lo que quiere que tire la primera piedra, y que por favor me pase la receta.










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lunes, 25 de febrero de 2013

Un cuento de hadas moderno


Cuando somos niñas, muchas de nosotras nos fascinamos con las historias clásicas como las de Cenicienta, Blancanieves, La Bella y la Bestia, entre otras.

En estas historias, una mujer desvalida y muchas veces humillada, encuentra finalmente su redención con la llegada de un apuesto príncipe azul.

Estos cuentos se nos meten debajo de la piel en la infancia y muchas veces las ideas nos quedan flotando en la cabeza ya de grandes.

En el fondo, la mayoría de las mujeres esperamos al príncipe azul con el que viviremos felices por siempre.

Por mi parte, confieso mi entrañable amor por estas historias clásicas. Sin embargo, me conmueven aún más otro tipo de cuentos de hadas. Cuentos, yo diría, de nuestra época, en la que las mujeres ya no sólo esperan la llegada de su príncipe azul, sino que también anhelan cumplir sus sueños y realizarse personalmente.

Justamente esta semana enganché de casualidad por televisión la película que narra la vida de J K Rowling, la autora de Harry Potter, antes de convertirse en escritora mundialmente famosa.

Esta mujer decide separarse de su marido alcohólico y violento. Queda prácticamente sola con su pequeña hija. Atraviesa serias dificultades económicas y sobrevive, al principio, gracias a un subsidio estatal.

Pero su vida finalmente cambia cuando su obra literaria se transforma en un suceso mundial.

Se trata de un verdadero cuento de hadas, en donde la redención no llega de la mano de un príncipe, sino de la mano de una gran oportunidad que la transforma en una mujer realizada e independiente.

Así como Cenicienta nunca imaginó que el príncipe se fijaría en ella, probablemente J K Rowling nunca imaginó que su trabajo tendría un éxito tal que la convertiría en una celebridad.

Es lindo pensar que, no importa la edad, el lugar donde vivimos o cualquier otra circunstancia, la gran oportunidad de la vida puede llegar en cualquier momento. Ése es el cuento de hadas con el que elijo quedarme.
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martes, 7 de agosto de 2012

Del otro lado de la pantalla



Hace unos días, navegando en las herramientas de mi blog, encontré una pestaña que se llama “estadísticas”. Si, ya lo sé, tendría que haberla descubierto antes, pero qué le vamos a hacer, la tecnología no es lo mío. Este blog sobrevive a pesar de lo mal que me llevo con la computadora.

En fin, la cuestión es que en esta pestaña de estadísticas se puede ver cuántas visitas recibe el blog y de qué países son las lectoras. Para mi sorpresa, me encontré con que si bien la nacionalidad argentina es mayoritaria, no es la única.

Me visitan desde Chile, Colombia, Perú y sobre todo desde España, México y Estados Unidos. Imagínense mi felicidad.

También recibo visitas de países que me han extrañado mucho como el Reino Unido, Canadá, Alemania y hasta Rusia.

Realmente no lo podía creer. Con todas las diferencias culturales que hay entre los países, qué genial es que mujeres de lugares lejanos se identifiquen con mis historias.

Aunque pensándolo bien, nacionalidad de acá o de allá, las mujeres somos todas bastante parecidas. Somos luchadoras, peleamos por un lugar en un mundo de hombres. Combatimos los prejuicios que nos tildan de sexo débil. Buscamos incansablemente el amor, somos generosas, damos vida. Nos gustan que nos mimen y que nos hagan sentir especiales.

Somos fuertes y soportamos estoicamente todo tipo de situaciones, y somos delicadas al mismo tiempo. Morimos por un par de zapatos, nos cuesta decir lo que realmente queremos y nuestras cabezas NO PARAN UN MINUTO.

Somos eso, simplemente mujeres, desde Rusia a la Argentina. Me hace muy feliz que converjan en este humilde espacio. Gracias.

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jueves, 1 de marzo de 2012

Un proyecto personal


Algunas veces, cuando cae la tarde y se asoma la noche, experimento una suerte de inquietud. No llega a ser angustia. Es una sensación más parecida a la ansiedad y a la incertidumbre.

Sin embargo, todo parece estar relativamente bien: la familia, la pareja, los amigos, el trabajo.

Entonces, ¿a qué se debe esa especie de turbación al atardecer? Me doy cuenta de que lo que necesito es algo propio, y tengo la sospecha de que no soy la única.

Siento que somos muchas las mujeres que necesitamos tener un proyecto personal, algo que sea sólo nuestro: un hobby, un emprendimiento, lo que sea.

Hay ocasiones en las que el trabajo no nos llena. Lo hacemos porque hay que trabajar, pero no nos hace sentir realizadas. No es algo “personal”.

Así también, los afectos son fuente inagotable de paz y felicidad, pero no pueden suplantar esa necesidad de reivindicación personal, de trascendencia.

Sólo algo propio, una meta personal puede, creo yo, llenar esa inquietud que sentimos.

Ser la hija de alguien, la mujer de alguien o la madre de alguien es algo muy lindo. Aún así no es suficiente. Pienso que una también debe ser alguien en sí misma, no sólo en relación a los demás.

Por momentos puede que las obligaciones laborales o domésticas nos distraigan de esta búsqueda personal, pero créanme, a la larga, el llamado interior prevalece. Porque no se puede reprimir lo que una realmente quiere ser.
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jueves, 19 de mayo de 2011

La edad de soñar


Cuando somos chicos y nos preguntan qué queremos ser cuando seamos grandes, tendemos a dar respuestas peculiares. Los varones generalmente contestan: bombero, policía o jugador de futbol. Las niñas, a veces sueñan con ser estrellas de cine, o fantasías similares.

A medida que crecemos vamos madurando y descartamos algunas opciones que abrazamos de chicos, pero creo yo que nunca dejamos de soñar.

Todos tenemos anhelos, deseos que, en parte, se convierten en motor de la vida.

La desilusión sobreviene cuando alcanzamos la edad a la que pensábamos que nuestros sueños ya iban a estar concretados, o siquiera, en marcha.

Pienso que aquí radica el problema. Nos han entrenado para creer que hay una edad en que la ya debemos estar establecidos, y que a partir de esa edad nuestra vida ya no va a cambiar mucho.

Muchas mujeres entran en pánico porque se acercan a los 30, a los 40 o a los 50, y todavía no se les da lo que tanto desean.

Diganmé ¿a quién se le ocurre que a los 30 ya tenemos que tener la vida resuelta? ¿Quién es lo suficientemente soberbio como para afirmar que hay una edad para cumplir los sueños?

Con los años he descubierto que la frase “sólo sé que no sé nada” tiene mucho de cierto. La vida te sorprende todo el tiempo. Y así como suceden cosas malas, también pueden ocurrirte cosas buenas. NO DEJES QUE NADIE TE HAGA CREER LO CONTRARIO.

Estoy llena de sueños, algunos los he cumplido y otros aún no. Sin embargo, estoy orgullosa de por lo menos, seguir creyendo en mí. A pesar de los juicios de valor u opiniones que emitan los demás, siempre he actuado conforme a mis convicciones y a mis deseos. Y eso ya es un triunfo en sí mismo.
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sábado, 17 de julio de 2010

Gracias querido Internet


Me confieso una mujer anti-tecnología. Si, leyeron bien. Anti-tecnología. No le encuentro el sentido a tanto aparato.

Encima todos los días salen cosas nuevas, y no importa qué tan sofisticado es lo que te compraste, enseguida quedás desactualizada.

A pesar de esto, hoy me puse a pensar que le debo mucho a la tecnología.

No voy a caer en obviedades. Todos sabemos los avances que han habido en materia de salud y calidad de vida. Me refiero, en realidad, a un plano más personal.

Miren esto: si no fuera por Internet, no estaría hoy con mi futuro marido. Nos conocimos en un boliche y le pasé mi msn. Después de muuuuchas conversaciones tirándole indirectas, me invitó a salir. Yo les juro que sin ese maravilloso programita informático, esa primera salida nunca hubiera ocurrido. Y ahora ya son seis años de una feliz relación de pareja.

Muchas satisfacciones me ha dado también este blog. Piénsenlo, antes si te gustaba escribir tenías que conseguir que alguien te publicara o tenías que pagar si querías llegar a la gente. Hoy con sólo una conexión a Internet y una computadora alcanza.

Yo sé que este blog no tiene muchas visitas, pero no saben la satisfacción que siente una cuando recibe un comentario de un desconocido. Es genial.

Entonces puede que sea media inútil con el tema de la informática, y está claro que mi celular del año del hopo vale la quinta parte de mis zapatos, pero estoy muy agradecida a los avances de la tecnología. En serio, lo estoy.

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viernes, 4 de diciembre de 2009

Proyectar es iluminar el presente y el futuro


En esta oportunidad tengo ganas de escribir sobre los sueños. Esta palabra se utiliza para designar esas historias que nuestra mente nos cuenta mientras dormimos. Pero también se le atribuye otro significado. Los sueños son los proyectos que nos encantaría realizar.

Las mujeres tenemos sueños, anhelos, proyectos de vida. En el ámbito sentimental, familiar y profesional. Ahora quiero detenerme sobre estos últimos.

De chica soñaba con ser cantante, actriz, escritora y hasta política. Si, los sueños van mutando a medida que corren los años, pero lo que nunca cambia es ese grito interno. Esa necesidad de realización personal. Independientemente de qué soñemos, lo que no cambia es el hecho de soñar.

Charlando con algunas amigas me di cuenta de que no todas las mujeres tienen proyectos en el ámbito profesional. Y esto es bueno aclararlo. Algunas de ellas tienen otra idea de lo que implica la auto realización, y no involucra para nada una carrera. Sin embargo, tienen una noción de lo que quieren y apuntan a full para ese lado.

Yo creo que en eso radica la felicidad: en la búsqueda de esa realidad subjetiva que es la realización personal. Esto, evidentemente, no es nada fácil.

El primer obstáculo consiste en determinar qué es lo que queremos. En otras palabras, tener sueños. Una vez que sabemos hacia dónde tenemos que ir, hace falta la fuerza interna y la convicción de que podemos hacerlo. Finalmente, es necesario el talento, y, por si fuera poco, un toque de suerte. Parece muy difícil, casi imposible ¿no?

No importa, a pesar de lo difícil que es perseguir los sueños, no voy a resignarme a una vida sin ilusión. Es cierto que no hay peor lucha que la que no se hace. Nada peor que un alma vacía de contenido.

En el fondo, sigo siendo esa misma chiquita que estaba llena de proyectos. Pero hay una etapa para todo. La infancia es para soñar, la madurez es para poner las manos a la obra.
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