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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Mi momento preferido del día (según pasan los años)

A morning in bed.Recuerdo que cuando yo era chica, mi momento preferido del día era la tarde.

La razón es comprensible. A la tarde volvía del colegio y tenía la posibilidad de pasar horas y horas jugando en mi casa.

La noche no me representaba el más mínimo entusiasmo, ya que venía acompañada de una serie de actividades que por entonces no soportaba, como bañarme y irme a la cama.

Sin embargo, ya entrando en la adolescencia y temprana juventud, la noche se transformó en mi momento favorito del día. Esto la verdad es que no es de extrañar. Cuando sos joven, salir de noche significa diversión.

Transcurridos algunos años más, la tardecita se convirtió en mi momento del día predilecto. Como buena mendocina, me gustaba tomarme una rica copa de vino al caer el sol (confieso que en ocasiones con el sol aún presente) para desenchufarme del trabajo y las obligaciones diarias.

Hoy en día, sin embargo, mi momento preferido del día es la mañana. Puede que mucho tengan que ver mis cambios de hábitos y horarios generados por mi embarazo de casi cinco meses.

Lo cierto es que en la actualidad, no hay nada que disfrute más que la mañana.

Antes de irme a dormir, dejo preparada la bandeja del desayuno. Apenas suena el despertador, me incentiva sentir lo antes posible el aroma del café y el pan recién tostado. Mi desayuno tiene la calidad y la presentación de un hotel. Me lo llevo a la cama. Es mi pequeño gran lujo.

A la mañana también hago ejercicio y miro los noticieros. Es cuando más energías tengo. Me gusta avanzar con gran parte de mis actividades antes del almuerzo.

La mañana es mi nuevo momento favorito del día. Quizás con los años esto vuelva a cambiar. La experiencia así lo demuestra.

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jueves, 25 de julio de 2013

Escapar de la rutina

Suena el despertador, salís de la cama, preparás el café. Abrís los mails, organizás tu día de trabajo y el día sigue non stop.

Las jornadas se vuelven rutinarias, aunque no tengas una rutina, siempre tienen un común denominador: siempre se repiten actividades, personas, problemas.

Quieras o no, las obligaciones te oprimen y la paciencia se agota.

En semanas como estas, me dan ganas de irme de viaje. No sé a dónde, a algún lado para escapar de la rutina.

Me imagino por algunos días libre, sin nada que hacer, sólo disfrutando y me dan muchas ganas de irme.

No importa si hace pocas semanas volviste de un viaje, las ganas de escaparte cada tanto aparecen.

Pero hay que ser responsables y posponer los caprichos. La escapada tendrá que esperar.


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domingo, 16 de junio de 2013

El día para descansar

La verdad es que nunca me gustaron mucho los domingos. El hecho de ser el día anterior al lunes me generaba una especie de inquietud.

Los domingos, sobre todo a la tardecita, me parecían un bajón, aburridos y un poco lúgubres.

Pero con el correr de los años y a medida que las responsabilidades fueron aumentando, el domingo pasó de ser "el día depre" a ser "el día necesario para descansar".

Los domingos se puede desayunar en la cama. En realidad, desayuno todos los días en la cama, pero el domingo puedo remolonear o ver una película después. Los días de semana te obligan a salir de la cama a los pocos minutos.

Hoy pienso en el domingo y su tranquilidad característica no me inquieta como antes. Es el día de reunirse con la familia, un día de descanso y de contemplación.

Durante la semana no hay muchas oportunidades de sentarse en un sillón a leer, a escribir o simplemente, a pensar.

Los domingos aún tienen un poco de gusto a nostalgia, ya que la contemplación trae consigo recuerdos. Pero también tienen su costado lindo.

Veo la lluvia caer en mi ventana mientras espero que se enfríe un poco el té. El sol se está escapando apenas a las seis de la tarde. Hay un silencio lindísimo en mi casa. Es un domingo de paz y de descanso.






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jueves, 2 de mayo de 2013

El campo y la ciudad

European Shutters on WindowComo ya les he comentado en otras oportunidades, mi vida se encuentra plagada de viajes. Por trabajo o por placer me la paso armando y desarmando valijas.

Algunos de los viajes laborales son al campo. Sin embargo, rara vez me quedo a disfrutar de mis momentos de ocio al aire libre. En general, cuando el trabajo está terminado vuelvo a la ciudad.

Esta semana tuve la oportunidad de pasar un día feriado en el campo. El silencio, el sol de otoño y el olor a carne recién asada dejaban en evidencia las bondades de vivir en el campo.

En el campo se trabaja, claro. Pero los momentos de descanso tienen otro color.

Si bien desde chica he tenido mucho contacto con la vida campestre, se podría decir que soy una mujer de ciudad.

Siempre me han gustado las luces de la ciudad y las infinitas posibilidades que ofrece, tanto para el trabajo como para el disfrute. Las ciudades tienen teatros, museos, restaurants, centros comerciales, bares. Mentiría si dijera que no disfruto vivir en Buenos Aires y visitar periódicamente otras ciudades del mundo.

Pero por algún motivo, cada vez que paso tiempo con personas que viven en el campo, algo adentro mío me dice que quizás no elegí la mejor opción.

Cuando era más chica ni me planteaba la posibilidad de una vida más tranquila, me gustaba el ruido.

En este momento de mi vida, en el que incluso empieza a asomarse la posibilidad de tener hijos, comienzo a mirar con otros ojos el estilo de vida relajado y al aire libre.

Las pocas oportunidades en que paso el día en el campo me siento mejor, duermo mejor, escribo mejor, estoy más tranquila.

Disfruto mucho de los entretenimientos de Buenos Aires, pero algunas tardes de sábado o domingo siento que las paredes de mi departamento me oprimen y me vienen las ganas de huir de la ciudad.

Son dos formas de vivir muy distintas. Cada mujer elije la suya. De hecho, entre mis amigas, hay una que vive en Nueva York y otra que vive en el medio del campo.

Yo, que estoy en una situación intermedia, aún estoy buscando el punto de equilibrio. La vida te va llevando, cada lugar tiene su momento.

<3

<3

;/




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lunes, 15 de abril de 2013

Un poquito de Francia


.No sé si les conté, pero soy una gran admiradora de la cultura francesa, especialmente la parisina.

Ir a París me resulta casi una experiencia religiosa. Los parisinos me fascinan, por su ropa, por su arte de la buena mesa, por sus modales, por su idioma, por sus costumbres, entre otras cosas.

Cada tanto, cuando puedo, me escapo unos días a París a disfrutar del charme francés.

Pero como París no queda nada cerca, y el tiempo libre no abunda, me las he ingeniado para incorporar en mi rutina diaria, algunos modestos detalles parisinos.

Es algo así como traer París a mi vida diaria en la Argentina.



A continuación, una lista ilustrada de mis pedacitos de Francia:





Amo mi remera rayada. Desde que me la compré no puedo dejar de usarla. He visto muchas fotos en las que Coco Chanel tiene puesta una remera muy parecida. De hecho, en la película "Coco avant Chanel" hay una escena en la que esta prenda es protagonista absoluta. Combina con todo, es cómoda y es elegante.




El pollo al vino blanco, o como se llama en Francia, coq au vin, es uno de mis platos favoritos. Hace pocas semanas estuve en Pastis, un restaurant francés de Nueva York. Mientras esperaba mi comida, me deleité observando a dos francesas que conversaban animadamente mientras disfrutaban de su plato de pollo al vino blanco. Sin duda se trata de un plato que tiene mucho que ver con la cultura de Francia.




Croque Madame, en el Museo de Arte decorativo de Buenos Aires, es definitivamente, un rincón parisino en la ciudad porteña. Buenos Aires está lleno de lugares que nos recuerdan a París.




Infaltable para estos días de pre invierno en Buenos Aires, cashmere de Eric Bompard. Un diseñador francés que vende prendas de excelente calidad a precios razonables. En mi último viaje a París me aseguré de traerme algunos abrigos para "afrancesar" mis días fríos.


"perfect" homemade bread


Hornear el pan fresco todos los días, es muy parisino. Quizás no todas las parisinas preparen su propio pan, pero como mínimo se toman el trabajo de ir a la boulangerie  a buscar su pan del día. En casa, tengo la suerte de que mi marido prepara un pan riquísimo. Muy francés.




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viernes, 29 de marzo de 2013

10 cosas que me hacen feliz


Cuando asoman problemas en algún frente de la vida, un ejercicio muy efectivo para combatir la desazón, es hacer una lista mental de todas las cosas que nos hacen felices.

Los primeros puestos en la lista no son nada originales. Supongo que en la lista de cualquiera de nosotras se repiten los mismos: la familia, la pareja, los amigos y, en mi caso también, la religión.

Pero quería compartir con ustedes, los otros puntos que, además de los elementos afectivos, integran la lista de cosas que me encantan y que, en definitiva, me hacen feliz.

En honor a la brevedad, elegí sólo diez:

1. Cocinar. Me encanta preparar distintas recetas para los demás, o incluso para mí sola. No me canso de pasar horas en la cocina, aunque, como cualquiera, a veces no tengo ganas de hacer nada y salgo a comer afuera.

2. Las flores. Me las compro yo sola, pero si me las regalan mejor. Si no viajara tanto, probablemente encargaría que me envíen flores frescas todas las semanas. Mis favoritas, las peonías y los jazmines.

3. El champagne rosé. En realidad, me gusta todo tipo de vinos: blanco, tinto, rosé, pero sobre todo el espumante rosé argentino (mal llamado champagne). Me gusta al mediodía y a la noche. No necesito un motivo de festejo para descorchar una botellita.

4. El brunch. Los fines de semana me gusta dormir hasta el mediodía y preparar café, jugo de naranja, tostadas y huevos revueltos. Un pequeño gran lujo.

5. Viajar. Me encanta conocer lugares nuevos. Mis ciudades favoritas son París, New York y Punta del Este (qué viva ¿no?). Un viaje inolvidable fue mi luna de miel en Grecia, muy romántico.

6. Los quesos. TODOS, desde el discreto brie hasta el atrevido pecorino.

7. El verano y los picnics en la playa.

8. El invierno, una chimenea, una frazada, una pila de revistas Vogue y una sopa de calabazas.

9. Mirar películas en la cama. Me cuesta pensar en un mejor programa que mirar algún clásico envuelta en sábanas blancas y rodeada de almohadones mullidos.

10. La vajilla antigua. Ustedes pensarán que es una pavada, pero sentarme a una mesa vestida con una elegante vajilla de alguna época anterior, me alegra la vista y me levanta el ánimo.

Como  les dije, la lista sigue, pero no quiero aburrirlas. En otra oportunidad, publico algunos puntos más. Y a ustedes ¿cuáles son las pequeñas cosas que las hacen felices?

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martes, 29 de enero de 2013

Las mujeres y los detalles


Todos tenemos, en mayor o menor medida, capacidad de disfrutar de las cosas o momentos buenos. 

Apreciamos una casa linda, una buena comida, una conversación entretenida, como experiencias globales.

Las mujeres, en general, además de disfrutar de las cosas de la vida, somos capaces de aprehender detalles y de valorarlos casi más que a la experiencia entera en sí.

Es que creo que son estos detalles los que hacen que las cosas sean especiales. Pueden parecer pequeñeces, pero en definitiva generan la diferencia entre algo bueno y algo genial.

Hace poco fui a un restaurant al que califico como muy satisfactorio. La comida fue excelente, el servicio impecable y el lugar encantador. Sin embargo, lo que más se me grabó en la memoria fue la ramita de lavanda que había sobre la servilleta blanca recién planchada.

Me gusta estar en los detalles. A mí me conmueven, y siento que a través de ellos yo también puedo conmover a los demás.

Me divierte servir petit fours junto al café, colocar jaboncitos de hotel en el baño, encender velas en una comida romántica, picar hierbas frescas para presentar un plato y ponerle perfume a las sábanas.

Como muchas mujeres, no sólo soy detallista, valoro los pequeños gestos en los demás. En todos, desde la gente con la que trabajo, hasta el verdulero que te elige los mejores tomates.

Y, por supuesto, me encantan los detalles en un hombre. Que levante la mano la mujer que no se derrite cuando su pareja le compra sus flores preferidas, recuerda cuál es su película favorita o le trae el desayuno a la cama.

Nada más atractivo en un hombre que estar atento a esas pequeñas cosas que nos dan felicidad.

Un detalle dice “me importa”, “me ocupo”. Un detalle refleja la personalidad de su autor y hace del mundo un lugar más lindo.

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miércoles, 16 de enero de 2013

Cómo disfrutar el verano



Para muchas de nosotras, el verano es sinónimo de vacaciones. Existen tantas versiones de vacaciones como mujeres hay en el mundo.

No hace falta viajar a lugares exóticos y lejanos para pasarla bien. Es cuestión de actitud. Cada una disfruta a su manera. Aquí les dejo una lista de tips y actividades para saborear el veranito. Espero que les gusten.

Mirar el mar. Por tiempo indefinido, simplemente fijar la mirada en esa masa de agua verde intensa y dejarse llevar. Soltar los pensamientos negativos para que se los lleve la marea.

Comer un ceviche de algún pescado local, con mango y cebollita morada, acompañado de un sauvignon blanc bien frío.

Comprar un ramito de flores o unas frutas bien perfumadas de estación, para aportar aromas, sabores y colores a nuestra casa.

Poner música mientras cocinamos para nuestros seres queridos. Hay que aprovechar las vacaciones para preparar nuestro propio alimento. Hasta el pan podemos hornear. Ya no hay excusas como la falta de tiempo.

Devorar un libro, una serie de televisión o una película, acompañada de una caja de bombones.

Enfrascarse en una conversación con amigas mientras disfrutamos de un champagne rosé.

Vestirse totalmente de blanco. Si, de pies a cabeza, incluso con algunos adornos de perlas o nácar. Seamos sinceras, sólo en verano, cuando estamos tostaditas, el blanco realmente nos luce.

Aclararse el pelo un par de tonos. Hay que animarse a hacerse unas mechitas más claras para dar un shock veraniego a nuestras melenas. Llevarlas un poco despeinadas, medio sauvage, es un look estival total.

Curar las heridas del alma. Tener horas y horas de ocio, facilitan la reflexión, la introspección y el acercamiento a Dios. Que las vacaciones nos ayuden a perdonar a los que nos ofenden, a abandonar los miedos que nos limitan y a manifestar afecto a nuestros seres queridos. 
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martes, 2 de octubre de 2012

Uno de esos días


Todas las mujeres tenemos, cada tanto, uno de esos días en los que preferiríamos no habernos levantado de la cama.

Efectivamente, hay días en los que todo sale mal y  hasta llegamos a pensar “dónde está la cámara, porque esto tiene que ser una joda”.

No sé si a ustedes les pasa, pero a veces me da la sensación de que la gente ya no tiene ganas de trabajar, entonces todo se hace mal. Terminamos lidiando con nuestros problemas, y también con la incompetencia o la negligencia de los demás.

Lamentablemente, no podemos hacer mucho para cambiar a las otras personas. El contador te entrega el informe dos días tarde, la modista corta mal el vestido, el vecino tira una tostada quemada al jardín interno de de tu departamento, y hay que bancársela.

Todos estos episodios hacen que vayamos acumulando bronca adentro. Entonces es normal que en algún momento explotemos.

En mi experiencia, lo mejor que se puede hacer en días como éstos, es salir a dar un paseo. Salir de la casa, la oficina o donde sea que se encuentre la fuente de mal humor, y caminar aunque sea unos minutos, sin rumbo. Caminar ayuda a oxigenar la cabeza y a descontracturar los músculos.

En lo personal, me gusta recorrer algún mercado de alimentos frescos, visitar la Iglesia más cercana o chusmear las vidrieras de las casas de ropa.

Cuando no podemos más de problemas, es sorprendente el poder regenerador que tiene comprar un ramo de flores, unas sales de baño o una bolsa de pancitos de queso recién salidos del horno (generalmente me los como en el camino de vuelta, llego a casa con la bolsa vacía).

Quedarnos encerradas masticando bronca es lo peor que podemos hacer. Cuando salimos a caminar evitamos el contacto con los que nos rodean, y de esa forma no decimos o gritamos cosas de las que después nos arrepentimos.

Un paseo corto es la solución más práctica, fácil y económica para combatir el mal humor. 
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sábado, 4 de agosto de 2012

10 cosas que tenés que evitar para sentirte bien


Entiendo que este post no va a resultar muy novedoso que digamos. Las páginas de las revistas femeninas están llenas de consejos acerca de cómo llevar una vida sana, cómo vestirse, etcétera, etcétera. Pero yo quería hacer mi propio decálogo y eso es lo bueno de tener un blog propio: una escribe lo que quiere.

Estas son las conductas que creo que hay que evitar para sentirse en armonía. No quiere decir que yo siempre lo cumpla, pero definitivamente lo recomiendo:

1. Nunca tirarse abajo: la vida está llena de obstáculos y desilusiones, lo importante es no perder la esperanza y la confianza en una misma. Querete y trabajá en tu autoestima. Para tirarte abajo ya están los demás.

2. No dormir menos de 8 horas por día: sino dormís bien, no funcionás bien. Es tan simple como eso.

3. No a la vida sedentaria: moverse es fundamental. Yo no soy una persona deportista, pero trato de hacer caminatas enérgicas, evito el ascensor y voy a todos lados que puedo a pie.

4. No te obsesiones con el peso: nada más deprimente que una mujer que vive a dieta. Hace poco escuché a una modelo decir que sólo come pollo. Con la variedad de comidas espectaculares que hay, ceñirse a un alimento me parece muy triste. Si somos los que comemos, ¿quién quiere ser sólo un pollo?

5. No al poliéster: no te guíes por las etiquetas, guíate por los géneros y materiales. Un saco puede costar 2000 dólares y ser super ordinario igual. No hace falta gastar mucho para comprar bien. Elegí calidad: la ropa es tu segunda piel.

6. No a la Coca Cola: el agua es lo más natural.

7. No a los excesos: todos tenemos nuestros excesos, el cigarrillo, el sol, el alcohol, la comida, el gimnasio. Los míos son el champagne y la televisión. Hay que evitarlos.

8. No te conformes: casate con un hombre que te ame con locura. Sólo así es posible la vida de a dos. Hay mujeres que se casan con el primero que se les cruza sólo para no estar solas. Mejor sola que mal acompañada.

9. No al escepticismo: rezá mucho, la vida espiritual es fundamental.

10. No a la pereza: trabajá duro, nada importante se consigue sin esfuerzo.
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sábado, 28 de agosto de 2010

El delgado límite entre la estética y el materialismo


A mujeres como yo, nos gustan las cosas estéticas: los vestidos lindos, los zapatos elegantes, las casas con encanto y los lugares soñados.

En la mayoría de los casos, este gusto por lo estético y glamoroso, es interpretado como un apego a las cosas materiales.

María Antonieta, Reina de Francia, vivió muchos años estigmatizada como una mujer frívola y superficial. Tiempo después, el estudio de documentos históricos permitió demostrar que, en verdad, fue una persona noble, amorosa con sus seres queridos y con una inteligencia artística destacable.

A nadie le gusta que lo tilden de materialista, pero si por el término materialista debe entenderse una fuerte inclinación por la belleza de las cosas materiales, entonces con pesar, debo confesarme materialista.

Ahora bien, creo yo que el materialismo es otra cosa.

Una persona materialista es la que hace girar toda su vida en torno a la posesión de cosas materiales, postergando los bienes afectivos y espirituales.

Todos perseguimos las cosas terrenales, en cuanto tenemos un cuerpo y un alma con necesidades ilimitadas. Distinto es el caso de aquellos que priorizan, ante todo, lo material.

Concluiría esta breve reflexión diciendo que existen dos tipos de materialismo: uno bueno y otro malo. El bueno es el que nos permite desarrollar nuestro sentido de la estética. El malo es el que nos aleja de lo esencial.
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viernes, 30 de julio de 2010

El fin del misterio


Durante siglos el sexo ha sido visto por distintas culturas como algo prohibido, pecaminoso y perjudicial. Como dice Marcos Aguinis en su libro “Elogio del Placer”, lo placentero ha sido reprimido, castigado y perseguido.

En la actualidad, subsisten falsas culturas que siguen condenando una sexualidad plena, sobre todo la femenina.

Creo, sin embargo, que es innegable que en nuestra sociedad hoy se vive de modo completamente diferente. El sexo ya no es reprimido. Todo lo contrario, está muy patente.

El fenómeno de Internet permite que inmensas cantidades de pornografía estén a sólo un click de distancia.

Ni siquiera hace falta prender la computadora, pasar por al lado de cualquier kiosko de revistas, es un incesante bombardeo de imágenes de señoritas en posiciones insólitas mostrando toda la mercadería.

En la televisión el sexo está presente siempre y no sólo en los horarios de protección al menor.

Resumiendo, vivimos en una sociedad completamente sexualizada. Quiero decirles que, en mi humilde opinión, esto no es positivo.

Claro que no comparto esa mentalidad arcaica de que el placer sexual trae aparejado castigos inimaginablemente horribles, pero esto de ver una lola o una cola cada 20 minutos me parece demasiado.

El sexo no debe ser reprimido, pero si está tan permitido se vuelve aburrido.
Una mujer con poca ropa ya no es algo provocador y sensual, es moneda corriente. Y lo corriente, lo manifiesto, pierde la gracia.

¿Es este el fin del misterio? Quizás llegó la hora de que las mujeres nos vistamos más, para poder desvestirnos mejor.
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jueves, 17 de junio de 2010

El poder de la belleza



Las cosas lindas atraen la atención humana. Pero tienen además la capacidad de levantarnos cuando estamos un poco caídos de ánimo.

No digo que podamos ahogar nuestras angustias existenciales en cosas mundanas. Simplemente creo que cuando disfrutamos de lo estético, el espíritu de alguna forma también se enriquece.

Hace pocos días alguien que conozco estaba pasando por un momento complicado. Se encontraba triste y desganado. De repente, pasan por televisión una propaganda del mundial de futbol, con esa música tan linda que tiene. Entonces esta persona, por primera vez en días esboza una sonrisa. “El mundial me pone de buen humor” – me dijo.

Claro que un par de goles no iban a solucionar su problema, pero en ese momento fue un mimo para el alma.

Confieso, con riesgo de sonar un poco hueca, que a mí me pasa algo similar, pero con la última cartera que me compré. La busqué por todos lados y es divina. Es una pavada y no borra mis preocupaciones, pero cada vez que la miro me pone contenta.

Hoy, camino a una reunión, pasé en un taxi por al lado de mi confitería favorita. No paré para tomar un café, ni nada. Sin embargo, sólo el hecho de que esté ahí, sólo verla me causó una mini-sensación de felicidad. Es que las cosas bellas tiene esa virtud.

El Papa Benedicto XVI una vez dijo: “¿Acercar el hombre a Dios y Dios al hombre no pasa sobre todo a través de lo que llamamos humanidad?... Amar las cosas humanas, amar la belleza de la Tierra, no es sólo humano, sino también muy cristiano”.
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