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jueves, 30 de mayo de 2013

Guardarropas: mis favoritos

Nothing less than perfectEn el guardarropas de toda mujer existen ciertas prendas que desde que las compramos, y más aún con el correr del tiempo, se convierten en favoritas.

En mi caso particular, cada vez me convenzo más de que con pocas adquisiciones puede armarse un guardarropas versátil y moderno.

Mis prendas más usadas varían según esté transcurriendo el verano o el inverno. En verano uso mucho pantalón blanco y en invierno recurro al pantalón negro. En verano me pongo camisas livianas y frescas, mientras que en invierno me refugio en algún saco de cashmere.

Desde que comencé con este blog, me he negado a compartir imágenes personales. Pero en esta oportunidad, siguiendo los consejos de una experta bloguera conocida, voy a ilustrar este post con algunas pics sacadas por mí. No sean duras conmigo que la fotografía no es lo mío.

Aquí van mis prendas fetiche, las que uso todo el año, básicas y elementales.



Maxi cartera


















De todas mis carteras es sin duda mi favorita. Las mujeres de hoy llevamos nuestra vida en la cartera y en este modelo cabe de todo. Negro, super combinable y elegante.


Blazer negro


















Siempre queda bien: con jeans, como traje formal, sobre un vestido, para el día, para la noche, en verano o en invierno. Es el clásico de los clásicos. Brinda un toque formal a cualquier atuendo.


Pañuelos de seda


















Un pañuelo o una pashmina son el complemento ideal. Abrigan cuando hace frío y decoran cuando el tiempo está cálido.


El vestido negro


















Todas tenemos uno que elegimos cuidadosamente según la forma de nuestro cuerpo y el estilo que tengamos. El mío es estilo minimalista y a la rodilla. Eso me da la libertad de usarlo tanto de día como de noche.


Las perlas


















Los complementos son algo realmente muy personal. Yo creo que las perlas son ideales porque iluminan y tienen un aire sofisticado. Además, según la ocasión, podemos usar una sola vuelta o varias vueltas de perlas, hasta incluso muchos collares juntos para darle importancia.


El trench


















Uso mi trench no sólo en días lluviosos. Con el cinturón atado con un nudo y la solapa levantada da un look muy parisino descontracturado.
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domingo, 14 de abril de 2013

¿De dónde viene el buen gusto?

rustic table. abundant flowers.Hace unos días llegué a esta pequeña ciudad de interior del país para avanzar con algunos temas laborales pendientes. Decidí quedarme aquí el fin de semana, en lugar de volver a mi casa en Buenos Aires.

Me quedé para evitar viajar tan seguido, y además para disfrutar del verde y el aire libre que escasean en la capital.

Ayer sábado, como parte del programa del fin de semana, fuimos con mi familia a almorzar al restaurant del club house del barrio en el que estoy.

Se trata de una sede recientemente remodelada, donde la principal actividad es el golf, pero también se practican otras actividades.

Ubicada ya en el restaurant, disfrutando de un riquísimo coq au vin, me puse a analizar la decoración del lugar.

Quedé absolutamente fascinada con cada pieza que conformaba la decoración. Cada sillón, cada mesa, cada cuadro, todo perfectamente estético y elegante.

Sentada en la mesa al lado de la nuestra, estaba la arquitecta y decoradora responsable por la ambientación del lugar. Ella, en su ropa, peinado y hasta modales, reflejaba el buen gusto que también se desprendía de su trabajo.

En ese momento me pregunté, ¿de dónde vendrá el buen gusto? ¿Qué es lo que hace que una persona tenga tanto olfato para hacer que todo sea agradable y refinado?

El buen gusto se transmite a través de las generaciones, es cierto. Pero también puede adquirirse con la experiencia.

Supongo que tiene que ver con la mentalidad que uno tiene, con las ganas de aprender. Tener apertura de mente ayuda mucho.

Leer, visitar museos, viajar, son factores que también inciden.

Quizás no pueda determinar con exactitud qué es lo que provoca que alguien tenga buen gusto, pero sí puedo disfrutar del trabajo de aquellos que llevan el buen gusto como bandera, y lo despliegan en sus profesiones, en sus hogares y en su vida de relación.






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martes, 2 de abril de 2013

Ana Karenina y la elegancia de las formas

Desde que vi por primera vez los avances de Ana Karenina, la nueva película protagonizada por Keira Knightley, he esperado con ansiedad su estreno en el cine.

Siempre quise leer el libro, ya que la obra de Tolstoi me resulta interesante, pero dado que salió la película, opté por sorprenderme en el cine.

Me gustó mucho el film. De todas maneras, no quisiera hacer una crítica. No soy entendida en cine ni pretendo serlo.

Sí diré que, como la mayoría de los espectadores, quedé fascinada por el vestuario.

La película es, sin duda, muy estética. Los vestidos, las joyas, los peinados, la vajilla y las formas, sobre todo las formas.

La elegancia de las formas no era sólo patrimonio de la Rusia Imperial. Siempre que veo una película histórica del estilo de Ana Karenina, transcurra en el país que transcurra, me impresiona el lugar preponderante que ocupaban las formas en la sociedad de la época, en contraposición con el lugar denostado que ocupan en la actualidad.

Las formas lo son todo: en la mesa, en la vida social, en el trabajo y hasta en el dormitorio.

Ustedes me dirán que lo que esas películas muestran es sólo la realidad histórica de las clases muy altas. Pero lo cierto es que me cuesta imaginar que las clases altas de hoy conserven todavía esa perfección en la formas, al menos en la intimidad.

Hay quienes pueden pensar que la relajación de las formas es algo positivo. Por mi parte, creo que la solemnidad y la educación extrema es algo que deberíamos traer de vuelta.

El mundo en que vivimos está lleno de descortesías, malas palabras, modos groseros y falta de elegancia. Por eso cuando aparece una persona muy pulida en sus modales lo tildamos de antiguo: "es de otro siglo", solemos decir.

Que vuelvan las formas de Ana Karenina, al menos por mí serán bienvenidas.


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domingo, 17 de febrero de 2013

El trabajo y el glamour


Después de una relajante (y bastante larga) estadía en Punta del Este, mi regreso a la Argentina me encontró con una considerable cantidad de temas acumulados en el trabajo y un persistente cargo de conciencia por estirar mis vacaciones.

Por eso, cuando comenzó febrero, decidí viajar al interior del país para dedicarme a los tan postergados temas laborales.

Ya estamos a 18 del mes y no me he movido de este lugar. Ya usé varias veces la ropa que traje en la valija y todavía me queda una semana de estadía. En general soy bastante hábil para preparar valijas (debe ser porque me la paso viajando desde que tengo uso de razón), pero tampoco puedo llevar todo mi guardarropa de Buenos Aires a cada lugar al que voy.

Cuando una viaja frecuentemente, la ropa nunca está disponible. Porque te quedó en otra ciudad, porque se está lavando, por lo que sea. Me pasa muy seguido querer ponerme, por ejemplo, una pulsera y: “Ay no. La dejé en Mendoza”.

A veces llevo los stilettos a pasear en la valija y no los uso. Cuando por fin decido no llevarlos, los necesito porque tengo un programa de último momento. Típico.

Si bien paso tiempo en distintas ciudades, hay ciertos rituales de belleza que sólo cumplo en determinado lugar. El color, las cejas, las manos, los pies. Y ese lugar queda en Buenos Aires. Por lo tanto, esta prolongada estadía en el interior me tiene de lo más desalineada.

Las raíces marrones ya me llegan hasta la oreja y mis manos parecen las de una profesora de artes plásticas.

Necesito desesperadamente volver a mi ciudad de residencia (no sólo porque extraño a mi marido, claro), sino también porque tengo que dedicarme a mi estética personal antes de que pierda por completo el sentido de feminidad.

Pero estimo que esto de dejarse estar, no sólo me sucede a mí porque viajo. En cualquier circunstancia, nómada o sedentaria, cuando el trabajo se pone demandante, la coquetería pasa a segundo plano.

Lo veo en mis amigas, cuando están muy a full con sus carreras empiezan a descuidarse el pelo, la ropa y hasta la figura.

Aprender a balancear el cuidado personal y la vida profesional es otro de los pequeños, pero no por eso menos importantes, desafíos de las mujeres modernas.
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martes, 29 de enero de 2013

Las mujeres y los detalles


Todos tenemos, en mayor o menor medida, capacidad de disfrutar de las cosas o momentos buenos. 

Apreciamos una casa linda, una buena comida, una conversación entretenida, como experiencias globales.

Las mujeres, en general, además de disfrutar de las cosas de la vida, somos capaces de aprehender detalles y de valorarlos casi más que a la experiencia entera en sí.

Es que creo que son estos detalles los que hacen que las cosas sean especiales. Pueden parecer pequeñeces, pero en definitiva generan la diferencia entre algo bueno y algo genial.

Hace poco fui a un restaurant al que califico como muy satisfactorio. La comida fue excelente, el servicio impecable y el lugar encantador. Sin embargo, lo que más se me grabó en la memoria fue la ramita de lavanda que había sobre la servilleta blanca recién planchada.

Me gusta estar en los detalles. A mí me conmueven, y siento que a través de ellos yo también puedo conmover a los demás.

Me divierte servir petit fours junto al café, colocar jaboncitos de hotel en el baño, encender velas en una comida romántica, picar hierbas frescas para presentar un plato y ponerle perfume a las sábanas.

Como muchas mujeres, no sólo soy detallista, valoro los pequeños gestos en los demás. En todos, desde la gente con la que trabajo, hasta el verdulero que te elige los mejores tomates.

Y, por supuesto, me encantan los detalles en un hombre. Que levante la mano la mujer que no se derrite cuando su pareja le compra sus flores preferidas, recuerda cuál es su película favorita o le trae el desayuno a la cama.

Nada más atractivo en un hombre que estar atento a esas pequeñas cosas que nos dan felicidad.

Un detalle dice “me importa”, “me ocupo”. Un detalle refleja la personalidad de su autor y hace del mundo un lugar más lindo.

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martes, 27 de noviembre de 2012

Mujeres inteligentes - Errores tontos


Todos los días, en diferentes partes del mundo, miles de mujeres inteligentes cometen errores básicos y tontos. Lo sé porque lo leo en los diarios y revistas, lo veo en la televisión y lo vivo con mis conocidas (además de haber cometido unos cuantos yo misma también).

Estoy hablando de mujeres inteligentes, pensantes, universitarias, con las que se puede mantener conversaciones profundas e interesantes. Sin embargo, algunas conductas se repiten patológicamente sin remedio.

He aquí una enumeración no taxativa de los errores tontos más comunes cometidos por mujeres inteligentes:
                
Pensar “conmigo él va a cambiar”. Los hombres no cambian sus defectos con el tiempo, a lo sumo empeoran. Creer que tenés la capacidad de reformar a un hombre es completamente iluso y hasta tonto. No te cases con un mujeriego pensando que cuando esté casado con vos va a ser diferente porque te vas a llevar una gran decepción. Casate con el hombre que te guste tal como es.

Teñir el vello facial. Jamás pero jamás. El vello se depila, no se tiñe. Teñirlo no lo oculta, sólo pasás de parecer un oso pardo a parecer un oso polar, nada más.

Hacer una dieta hipocalórica. Las dietas de 800 calorías o menos por día no sirven. Bajás 3 kilos en una semana, y a la semana siguiente subís 10. De peso se baja de a poco, día a día, prudentemente. Lo mismo se aplica al bronceado. El color se logra en 20 días. No menos, salvo que quieras arruinarte la piel.

Acosar a un hombre. Las mujeres desesperadas no son sexies. Llamar constantemente a un chico, ir a todos los lugares a los que él va y revisar exhaustivamente su perfil de Facebook no van a servirte de nada. Aunque te guste mucho alguien, no estés demasiado pendiente.

Los breteles de silicona. He escuchado a muchas mujeres decir: “me pongo el strapless con un corpiño con breteles transparentes”. Error. Los breteles de silicona no sólo se ven, sino que además quedan horribles.

Hacer preguntas cuya respuesta no querés oír. No le preguntes a tu novio: “¿quién te parece más linda Angelina Jolie o yo?”. ¿Qué pretendés que te responda la pobre víctima? La respuesta es obvia. Más vale no ponerlo en apuros y ahorrarse una posible respuesta desagradable.

Casarse disfrazada de otra. El día de tu casamiento tenés que estar lo más parecida a vos misma posible. Por eso si toda tu vida usaste el pelo suelto, no improvises un rodete tirante el día en que te casás. La fiesta de casamiento no es un día para experimentar un nuevo estilo, dejalo para cualquier otra ocasión.

Mentir con la edad. Quitarte años es lo más estúpido que podés hacer. La gente se da cuenta de que no tenés la edad que pretendés vender. O quizás te creen que tenés unos años menos, pero por dentro piensan “che, está bastante arruinada para ser tan joven”. Mejor es asumir los años con elegancia.

La lista no se detiene aquí. Los errores tontos de mujeres inteligentes son cada vez más comunes. Desde que el mundo es mundo se repiten a lo largo de las generaciones, y nada hace pensar que las cosas vayan a cambiar.
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martes, 20 de noviembre de 2012

5 cosas que no le quedan bien a nadie


Las mujeres somos todas distintas y está bueno que así sea. Cada una tiene su estilo. Dentro de ese estilo nos expresamos, en la ropa, en el pelo, en la forma de hablar, en todos y cada uno de los detalles que nos caracterizan.

Pero hay algunas cosas que, en mi humilde opinión, no le quedan bien a ninguna mujer. Si bien la lista es un poco más larga en realidad, la he reducido a 5 ítems básicos.

Por favor, entiéndase que la siguiente enumeración es completamente subjetiva y que no existe para nada ánimo de ofender a nadie:

1. El pelo corto tipo hombre: si ya sé lo que piensan, a Celeste Cid y Araceli González les quedaba divino. No, en realidad no. Les queda 10 veces mejor el pelo largo, pero son tan pero tan lindas de cara que el pelo super corto no las arruina. Sostengo que a una mujer siempre la va a favorecer tener el pelo por lo menos a la nuca. (Excepción: las señoras de más de 70 años a las que de hecho les queda mejor el pelo bien corto).

2. Los kilos de más: enfrentémoslo chicas, los kilos de más no son elegantes y avejentan. Cuando una mujer está excedida de peso, todo lo que se pone le queda mal, sin mencionar que pueden sumar hasta 10 años!!! (Aclaración: esto también se aplica a los hombres, así es que a bajar la panza). 

3. Los tatuajes: no hay vuelta que darle, no le quedan bien a ninguna. Por más prolija y radiante que estés vestida, si se asoma el tatuaje, la elegancia se escapa por la ventana. Puede parecer una buena idea cuando sos joven, pero acordate que después vas a ser una vieja tatuada.

4. El cigarrillo: contrariamente a lo que muchas piensan, fumar no es canchero ni glamoroso. Es un hábito desagradable y muy peligroso para la salud. 

5. La delgadez extrema: una mujer muy flaca pierde todo rastro de sensualidad. No nos olvidemos que a los hombres les gustan las curvas. Es bueno cuidar la figura, pero a no pasarse de la raya.

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domingo, 7 de octubre de 2012

Un casamiento no es un boliche



Anoche se casó una de mis más queridas amigas. Salió todo divino. En cada detalle se reflejaban meses y meses de trabajo y dedicación.

Yo, por mi parte, desde mi pequeño papel, decidí trabajar en lo único que tenía a cargo, mi look. Elegí con mucho esmero mi vestido y mis accesorios.

En la fiesta habían muchos vestidos muy lindos, de diversos colores, desde un atrevido rosa fuerte, hasta unos lindísimos y sobrios modelos negros.

Para mi estupor, también me encontré con algunos atuendos altamente cuestionables. Vestidos apretujados, hipercortos de lurex, lycra y otros horrores.

Ustedes pensarán, ¿quién no ha ido alguna vez a un casamiento con un vestidete sexy? Estamos de acuerdo, yo también tengo un par de muertos en el placar, pero los años me han dado un mínimo de lucidez para darme cuenta de que hay un momento y un lugar para todo.

Cuando una tiene 18 o 20 años, puede get away con algún modelo más atrevido rozando lo slutty, pero les puedo asegurar que las señoritas que vi anoche ya habían pasado los 18 hace tiempo.

Los bares, los boliches, son ambientes propicios para ponerse los trajes de lobas, pero un casamiento es un acontecimiento formal y elegante en donde no hay que abusar de la desnudez.

Es por eso que pienso que por respeto a los anfitriones, las mujeres deberíamos abstenernos de disfrazarnos de vedettes en los casamientos, comidas formales, etc.

Apelo a que mi reducido número de lectoras, me va a secundar en esta moción. Será nuestro pequeño aporte en honor al buen gusto.
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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Arreglarse no es de vieja


Hace algunas semanas, aprovechando una linda noche de martes, fui a comer a Bella Italia, un simpático restaurant de Buenos Aires.

Me senté en una mesa al aire libre y pedí una tortilla de papas y cebollas.

Mientras esperaba la comida, me puse a observar a la gente de las mesas alrededor. Frente a mí, estaban sentadas Teresa Calandra, Evelyn Scheidl y Adriana Constantini. Divinas todas, daba gusto mirarlas. Peinado cuidado, vestiditos y carteras paquetísimas y make up impecable.

Al lado mío, había una mesa de chicas que deben haber tenido entre 25 y 30 años. Eran una lágrima. Sentadas de derecha a izquierda: “Doña me puse la misma musculosa de algodón que uso para limpiar mi casa”, “Doña estoy demasiado ocupada para ponerme corrector de ojeras antes de salir” y “Doña soy demasiado cool para pasarme el peine”. Un desastre todas.

Quisiera decir que el ejemplo de las chicas sentadas al lado mío en Bella Italia es un caso aislado, pero lamentablemente es un patrón que vengo observando desde hace tiempo en las chicas jóvenes. Sobre todo en la capital.

Pareciera que producirse es un arma a la que las mujeres recurrimos cuando la naturaleza ya ha hecho de las suyas. Empezamos a usar cremas de buena calidad cuando la piel ya está dañada, incorporamos el maquillaje cuando tenemos algo que tapar, e invertimos en prendas de calidad cuando el físico ya no acompaña.

Lo cierto es que las cremas deben usarse en forma preventiva. Vestirse bien y con un make up acorde, es un imperativo para toda mujer (y todo hombre también).
No es “de vieja” estar elegante, peinada y pintada.

Unos stilettos te van a lucir más a los veinte que a los cincuenta. Entonces ¿por qué esperar hasta tan tarde para empezar a usarlos? Yo sugiero que a la hora de salir, dejemos las Converse guardadas en casa y nos subamos a los tacos.

La mujer elegante no se arregla para tapar el paso del tiempo, sino para realzar su feminidad.
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viernes, 23 de septiembre de 2011

Debe quedarte bien


Como viajo mucho por trabajo, siempre tengo a mano material de lectura. Disfruto de los libros, pero también me apasionan las revistas. Compro todas: Vogue España, Vogue Latinoamérica, Harper´s Bazaar, etc.

Justamente fue ojeando la última edición de Harper´s Bazaar Argentina, que leí una frase tan simple como cierta. Alberta Ferretti, reconocida diseñadora italiana dijo: “Tu casa es como un vestido: debe quedarte bien”.

La verdad es que antes de tener mi propia casa, poco me importaba el tema decoración. Al vivir con mis padres, la casa se acomodaba al gusto de ellos, por supuesto.

Hoy que tengo mi propia casa, tengo la oportunidad de armarla como yo quiero.

Así he descubierto, con riesgo de soñar cursi o frívola, que las casas tienen alma.

En efecto, la casa es un reflejo de la personalidad de sus dueños. Es la caja que contiene los recuerdos, retratos y expresiones de arte de los que allí viven.

Por eso creo que mantener la casa linda va más allá del tema decoración. Es importante tener un lugar donde uno se siente cómodo, un lugar que hable de uno mismo.

Recuerdo cuando empecé a viajar bastante seguido al interior para trabajar. Durante mis estadías laborales, me hospedaba en una casa de mi familia. Como nadie la habitaba, la casa se sentía fría y sola. Decidí hacer algo para hacerla más acogedora.

Entonces, en cada viaje, comencé a llevar cosas que iba dejando allá. Fotos, revistas, cremas, cuadros, ropa. Al cabo de un tiempo, la casa ya no me parecía tan triste.

Por eso no entiendo a las personas que desatienden su casa, dejan las cosas tiradas, no lavan las cortinas, o tienen por vajilla un vaso de plástico de la colección de Coca Cola.

La casa habla de uno, y como dice Alberta, debe quedarte bien.
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martes, 15 de febrero de 2011

Cuando se pierde el glamour


A todas nos gusta sentirnos sexys y femeninas, pero admitámoslo, a veces el trabajo y la rutina nos juegan en contra.

Muchas de mis amigas que viven con sus novios o maridos, me cuentan que llegan tan cansadas a sus casas, que no tienen energía para nada más que ponerse el pijama y meterse en la cama. De más está decir que si ni se sacan la pintura de la cara, menos aún tienen algún tipo de contacto pasional con sus parejas.

Con el correr del tiempo, estas licencias de cansancio devienen en un hábito difícil de revertir, y nosotras nos transformamos en la anti-diva. La mujer dejada que no se arregla porque NO TIENE TIEMPO.

No es por sermonear a nadie, pero esto no está bien.

Yo entiendo lo agobiantes que pueden ser las obligaciones diarias. Van a haber días en los que una sólo quiere llegar a su cama. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado de que no pasé de una práctica excepcional.

Un baño relajante con sales y espuma puede lavarte el día del cuerpo y ayudar a resaltar tu feminidad. En lugar de ponerte una pijama viejo, ponete alguno de seda. Perfúmate antes de entrar a la cama. Date un masaje con crema hidratante. Hay muchos rituales que relajan y te hacen linda al mismo tiempo. El estrés no es excusa.

Obvio que nadie está vestido de gala las 24 horas, no es eso lo que estoy sugiriendo. Sólo reivindico que no perdamos la actitud ni la costumbre de ser mujer.
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sábado, 5 de febrero de 2011

Las divas molestan


Definitivamente, la mujer glamorosa molesta a muchos.

Hace poco estaba leyendo el blog de una señora muy elegante que brinda consejos de moda y estilo. Ella, a pesar de no tener la necesidad de hacer nada, comparte sus secretos con sus lectoras.

De todos los comentarios que la gente le deja en el blog, gran parte de ellos se refieren puntualmente a ella y a su costumbre de estar siempre arreglada. “Por favor, poné una foto tuya en jogging”, “Muero por verte en zapatillas”…

¿Por qué molestará tanto que una mujer esté siempre linda y prolija? Hay como una necesidad de romper con los mitos de las mujeres producidas.

Yo, que ni por casualidad tengo el glam de esta señora del blog, he padecido durante toda mi vida comentarios como estos. “Ceci, ¿vos nunca te bajás de los tacos?”, “¿Todos los días te hacés el peinado?”

Internet está llena de páginas que dicen contener fotos de mujeres paquetas sin maquillaje. ¿Por qué existe este morbo?

La verdad es que no entiendo. Ojalá existieran más divas, ejemplos de elegancia y distinción. Marylin Monroe, Rita Hayworth, ¿acaso no decoran la vida?
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viernes, 12 de noviembre de 2010

Vestirse a la francesa


Es innegable, la elegancia es un valor perdido.

La mujer femenina y arreglada está pasada de moda. En muchos países ya existe un culto a la informalidad. La gente se produce para parecer desprolija.

El jean gana terreno, las zapatillas se imponen, el pelo parece cortado con los dientes del peluquero, cero make up, y hasta agujeros en la ropa. Ese es el look que predomina hoy en día.

Pero en Francia es diferente. Si uno camina por los barrios paquetes de París, las mujeres derrochan glamour (y los hombres también). EL JEAN NO EXISTE. Por el contrario, predominan los vestidos, las polleras, los blazers, los stilettos y, por supuesto, los pañuelos de seda.

En cambio, caminando por los barrios elegantes de Buenos Aires y otras ciudades de Argentina, lo único que se ve es un despliegue de señoritas desalineadas y despeinadas.

Parece que solamente con los años las argentinas nos preocupamos por vestirnos como corresponde. Las señoras mayores de nuestro país suelen ser muy elegantes, pero las jóvenes dan lástima.

Ya que vivimos en un mundo tan globalizado, ¿no podemos aprender a vestirnos como las francesas?

Tampoco digo que haya que viajar a París para hacer un curso acelerado de buen gusto, pero un un poquito más de Vogue por favor.

Ojalá podamos recuperar un poco de la elegancia perdida.
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sábado, 28 de agosto de 2010

El delgado límite entre la estética y el materialismo


A mujeres como yo, nos gustan las cosas estéticas: los vestidos lindos, los zapatos elegantes, las casas con encanto y los lugares soñados.

En la mayoría de los casos, este gusto por lo estético y glamoroso, es interpretado como un apego a las cosas materiales.

María Antonieta, Reina de Francia, vivió muchos años estigmatizada como una mujer frívola y superficial. Tiempo después, el estudio de documentos históricos permitió demostrar que, en verdad, fue una persona noble, amorosa con sus seres queridos y con una inteligencia artística destacable.

A nadie le gusta que lo tilden de materialista, pero si por el término materialista debe entenderse una fuerte inclinación por la belleza de las cosas materiales, entonces con pesar, debo confesarme materialista.

Ahora bien, creo yo que el materialismo es otra cosa.

Una persona materialista es la que hace girar toda su vida en torno a la posesión de cosas materiales, postergando los bienes afectivos y espirituales.

Todos perseguimos las cosas terrenales, en cuanto tenemos un cuerpo y un alma con necesidades ilimitadas. Distinto es el caso de aquellos que priorizan, ante todo, lo material.

Concluiría esta breve reflexión diciendo que existen dos tipos de materialismo: uno bueno y otro malo. El bueno es el que nos permite desarrollar nuestro sentido de la estética. El malo es el que nos aleja de lo esencial.
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sábado, 24 de julio de 2010

Chica de tapa


Las mujeres que salen en la tapa de las revistas son impresionantes. Tienen piel de porcelana, un pelo divino y un look perfectamente cuidado.

La chica de tapa es aquella con la que todo hombre quisiera salir, y la que toda mujer quisiera ser.

Sabemos que para lograr la tapa de una revista se requieren horas y horas de producción. Sin mencionar los mejores especialistas.

Entonces yo me pregunto ¿acaso las mujeres comunes no merecemos el mismo tiempo de producción?

La sociedad nos exige estar siempre impecables, pero no contamos con el tiempo suficiente.

Los trabajos cada vez vienen con horarios más imposibles ¿A quién se le ocurre que si salís a las siete de la tarde de la oficina vas a tener tiempo o energía para dedicar a tu imagen?

Y, por favor, que levante la mano la que nunca tuvo a su pareja paradito al lado de la puerta del baño preguntando: “¿te falta mucho???”

“Si, me falta mucho. Porque estar divina requiere dedicación. Así que no me apures!!!” Eso es lo que deberíamos contestarles. Pero no, nos apuramos para no hacerlos enojar.

Las mujeres tenemos derecho a demorar, porque somos mujeres.
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jueves, 17 de junio de 2010

El poder de la belleza



Las cosas lindas atraen la atención humana. Pero tienen además la capacidad de levantarnos cuando estamos un poco caídos de ánimo.

No digo que podamos ahogar nuestras angustias existenciales en cosas mundanas. Simplemente creo que cuando disfrutamos de lo estético, el espíritu de alguna forma también se enriquece.

Hace pocos días alguien que conozco estaba pasando por un momento complicado. Se encontraba triste y desganado. De repente, pasan por televisión una propaganda del mundial de futbol, con esa música tan linda que tiene. Entonces esta persona, por primera vez en días esboza una sonrisa. “El mundial me pone de buen humor” – me dijo.

Claro que un par de goles no iban a solucionar su problema, pero en ese momento fue un mimo para el alma.

Confieso, con riesgo de sonar un poco hueca, que a mí me pasa algo similar, pero con la última cartera que me compré. La busqué por todos lados y es divina. Es una pavada y no borra mis preocupaciones, pero cada vez que la miro me pone contenta.

Hoy, camino a una reunión, pasé en un taxi por al lado de mi confitería favorita. No paré para tomar un café, ni nada. Sin embargo, sólo el hecho de que esté ahí, sólo verla me causó una mini-sensación de felicidad. Es que las cosas bellas tiene esa virtud.

El Papa Benedicto XVI una vez dijo: “¿Acercar el hombre a Dios y Dios al hombre no pasa sobre todo a través de lo que llamamos humanidad?... Amar las cosas humanas, amar la belleza de la Tierra, no es sólo humano, sino también muy cristiano”.
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lunes, 7 de junio de 2010

Por amor a vos


¿Alguna vez te preguntaste por qué hay mujeres que son naturalmente glamorosas?

Seguramente estarás pensando: “Yo invierto cualquier cantidad de tiempo y plata en estar bien, pero nunca quedo como yo quiero”.

Luego de varios años de observación a este tipo de mujeres que están siempre divinas, llegué a una conclusión: La diferencia está en que a ellas les gusta arreglarse.

Si, tan simple como eso. Hay personas que disfrutan del proceso de producción.

La mayoría de las mujeres que conozco “sufren” para estar lindas. No les gusta hacer ejercicio. Asocian comer sano a comer poco. Les da fiaca peinarse y pintarse. Etc.

Así nunca vas a lograr buenos resultados. Las cosas que se hacen de mala gana no salen bien. Obvio que a nadie le divierte depilarse, pero es importante que aprendas a disfrutar de tu producción. Es una forma de diseñar tu imagen personal. Nada menos que una forma de arte.

Y no lo hagas por los motivos equivocados. No trates de mantenerte flaca o joven porque la sociedad te lo demanda. Hacelo por vos. Y si no, no lo hagas.

Ser coqueta es una característica de la femineidad. Encontrá tu estilo, y vivilo con relax.

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