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martes, 23 de julio de 2013

La justa medida

Catherine, Duchess of CambridgeEn estos tiempos modernos que vivimos predomina la cultura del "a todo o nada".

Cada vez nos resulta más difícil obtener satisfacción de las cosas, entonces exageramos como si la cantidad nos fuera a reportar mayor sensación de plenitud.

Esta falta de moderación en las conductas, es un mal típicamente femenino.

¿Alguna vez fueron de compras con varias mujeres? Noten que a la mayoría le cuesta ejercer el autocontrol en lo que a shopping respecta.

Más de una va a salir del centro comercial con unas cuantas bolsas y muchas de ellas conteniendo artículos que no necesitan y que pronto se arrepentirán de haber comprado.

¿Y con la comida no pasa algo similar? Siempre comemos de más: esa última empanada, la segunda bochita de helado. El placer gastronómico se encuentra en la calidad de los alimentos y no en su cantidad. Pero por algún motivo, quizás por esa necesidad de tenerlo todo y rápido, terminamos comiendo de más.

Con la lengua también sufrimos de falta de moderación. Existen algunas mujeres discretas y medidas, pero seamos sinceras, la mayoría somos boconas y decimos más de lo que deberíamos decir.

Tal vez por eso cuando aparece en la escena pública alguna mujer moderada, llama tanto la atención y cosecha tantos elogios.

Saber encontrar la justa medida: en la ropa, en el make up, en el comportamiento, en las aspiraciones, en la vida en general, es sin duda una virtud.

Que levante la mano la que nunca padeció algún exceso. Todas tenemos nuestro historial. Lo importante es ir educando la voluntad, para ir alcanzando de a poco la moderación.

En el país del "deme todo y démelo ya", nos vendría bien un poco de discreción y desacelere.

Me gusta observar a las nuevas royals, Máxima de Holanda y Catalina de Inglaterra, porque en ellas encuentro mucho de esta teoría de la moderación: poco maquillaje, mucha personalidad y poco exceso.

Mujeres que se hacen notar por encontrar la justa medida en cada aspecto de la vida, y no por exagerar. "Menos es más".






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miércoles, 24 de octubre de 2012

No snobearás


Ayer por la noche fui a una degustación de vinos con la mamá de mi marido. Ella me invitó porque sabe lo mucho que me gustan los vinos y le pareció una linda oportunidad para hacer un programa juntas.

La verdad es que la pasamos muy bien. La gente, en general, tenia cincuenta años o más, yo estaba bastante por debajo, pero a mí no me importaba, ya que estaba demasiado entretenida maridando vinos con quesos.

Charlamos con mucha gente (tanto, que uno de los organizadores me sugirió “conversar un poco menos y degustar un poco más”).

Una de las personas con la que conversamos era una mujer americana que recientemente se había mudado a Buenos Aires. Le pregunté por qué se había venido a vivir a la Argentina y me contó que luego de muchos años de trabajar en Wall Street, había optado por llevar un estilo de vida más tranquilo y “open mind” que el que llevaba en Manhattan.

Hablamos un rato largo acerca de vinos y restaurants. Yo, como me gusta tanto la gastronomía, me sentí lo suficientemente cómoda como para recomendarle bodegas para visitar en Mendoza y restaurants para ir a comer en Buenos Aires. Pero cada lugar que yo mencionaba, mi interlocutora neoyorkina lo rechazaba con una mueca de menosprecio. “Ah, si lo conozco, pero no vale mucho la pena”, “Si, si, I know it, mmm, not so good…”

Claramente no había nada que yo pudiera decir en esa conversación que a ella le acomodara. Me hablaba con aires de superioridad gastronómica, sin el más mínimo interés en lo que yo pudiera aportar.

Yo tampoco pretendía recibir una respuesta muy entusiasta que digamos, pero si estoy compartiendo mis opiniones con alguien, lo mínimo que espero es que no me snobeen.

Verán, no importa si sos un erudito en algún tema, siempre hay que escuchar a los demás con una cuota de humildad.

Muchas veces me he topado en la vida con personas que, al igual que la señora americana, creen sabérselas todas en algún ámbito, ya sea gastronomía, moda, política, derecho, economía, o lo que sea.

Pero la realidad es que uno nunca sabe cuándo puede encontrarse con un aporte interesante, por mucho que se sepa de algún tema. Saber escuchar es una virtud, es la virtud de los grandes. Porque quien cree saberlo todo, no aprende nada más, y eso es muy triste.

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jueves, 9 de febrero de 2012

Pensar


Existen algunas preguntas que toda mujer que se respete debe hacerse cada tanto:

¿Estoy haciendo lo que me gusta? ¿Qué es lo que quiero para mi vida?

Lo cierto es que no siempre nos detenemos a indagarnos. Gracias a Dios yo siempre he tenido esa costumbre de escucharme a mí misma. Creo que es la única forma de encarar la dificilísima misión del autoconocimiento.

¿Por qué es fundamental el autoconocimiento en una mujer? Pues porque de esa manera logramos controlar esa preponderante tendencia femenina a postergarnos.

Dicen que para saber qué es lo que en verdad nos gusta, tenemos que remitirnos a lo que hacemos cuando tenemos tiempo libre, dicen que ahí está la respuesta.

Entonces me puse a recordar qué fue lo que hice en mis vacaciones: leer, escribir, cocinar y caminar. Ésa es mi idea de pasarla bien.

Ahora yo me pregunto, ¿cuál es el común denominador de todas estas actividades? ¿Por qué las disfruto?

Como intento de respuesta podría decir que todas ellas me hacen PENSAR. Caminar y cocinar aclaran mis ideas, me facilitan la reflexión, me enfrían la cabeza. Y, en efecto, cuando leo y escribo es cuando más pienso. Para simplificarlo entonces, me gusta PENSAR.

Por ello me sentí particularmente identificada con un fragmento de la autobiografía de Diane Keaton (protagonista de muchas de mis películas favoritas), publicado por la revista Harper´s Bazar Argentina en el mes de enero:

A mi madre le encantaban los dichos, las citas y los refranes. Siempre había papelitos con advertencias pegados en la pared de la cocina. Por ejemplo, la palabra PENSAR. La encontré pinchada con una chincheta en el tablón de corcho de su cuarto oscuro… a mi madre le gustaba PENSAR acerca de la vida, especialmente sobre la experiencia de ser mujer. Y también le gustaba escribir a propósito de este tema.

El relato de Keaton referido a su madre me erizó la piel. PENSAR es una actividad fundamental, y es también un gran privilegio. Lo comprendí de repente, por haber vivido en mi familia una enfermedad degenerativa que afecta justamente eso: la capacidad de pensar.

Al continuar leyendo la nota sobre las memorias de Diane Keaton me enteré que, paradójicamente, su madre, la mujer a la que le gustaba PENSAR, vivió sus últimos años agobiada por el Alzheimer:

Empezó una guerra de quince años contra la pérdida de la memoria. Siguió escribiendo. Cuando ya no fue capaz de escribir párrafos enteros, escribía frases. Cuando ya no podía escribir frases, escribía palabras. Cuando se quedó sin palabras, siguió escribiendo números hasta que ya no fue capaz de escribir más.

PENSAR fue la palabra favorita de Dorothy Keaton. Y es también la mía.
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domingo, 3 de julio de 2011

Una mujer muy libre


En otros posts he reflexionado acerca de si las personas son capaces de cambiar o no.

En aquellas oportunidades, llegué a la conclusión de que hay aspectos o características que pueden entrenarse o modificarse.

Sin embargo, la esencia de la persona, eso que constituye el corazón de la personalidad, difícilmente cambie.

En estos días he tomado consciencia de que nuestra personalidad determina, en gran medida, nuestro estilo de vida y nuestras relaciones con los demás.

Siempre he sido una mujer muy independiente. Estoy acostumbrada a hacer lo que me parece.

Es por eso que de chica tuve una relación tirante con mi madre, quien siempre manifestó una inclinación a interferir activamente en mis elecciones. Con mi padre, por el contrario, siempre me entendí a la perfección, ya que se dedicó a apoyar mis decisiones, limitándose a consejos no vinculantes.

Nunca me gustó el trabajo en relación de dependencia y lo padecí durante los cuatro primeros años de mi vida laboral. Sufría cumpliendo horarios estrictos. Odiaba tener que reportar a un jefe, quien era dueño de mi tiempo y de mi creatividad.

Hoy mi vida está diseñada para que nada me ate. Protejo celosamente mis ámbitos de autonomía.

Claro que siempre existen responsabilidades de las que inexorablemente debemos hacernos cargo, pero en la medida de lo posible, siempre busco la libertad.

Necesito mi propio cuarto para desarrollar mis tan imprescindibles momentos de soledad. No me atrae ir a lugares o hacer programas que no me convencen. Sólo me gusta compartir mi tiempo con personas que realmente me quieren y evito codearme con personalidades tóxicas.

Más de una vez, mis amigas han tildado estas actitudes de caprichosas, yo lo llamo ser fiel a una misma. Ellas saben que siempre estaré dispuesta a ayudarlas o escucharlas, pero creo firmemente que no es posible hacer feliz a los demás si uno no es feliz.

La libertad es una condición necesaria para estar en paz, para abrirse al prójimo y para crear.

Coco Chanel solía decir: “Detesto rebajarme, doblegarme, humillarme, disimular lo que pienso, someterme, no hacer lo que me da la gana…”
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lunes, 20 de junio de 2011

Mi amiga de Nueva York


Durante muchos años de mi vida miré por televisión una serie sobre cuatro amigas que viven en Nueva York.

Las historias de estos personajes comienzan desarrollando temas un tanto cliché y ligeramente burdos, pero con el correr de los capítulos y de las temporadas, los relatos se vuelven más profundos.

A la larga, terminé enamorándome de esas cuatro mujeres que luchaban por conservar su independencia, defender sus ideas y no conformarse en el amor.

Particularmente, Carrie Bradshaw me cautivó. Quizás por mis aspiraciones frustradas de ser escritora, o tal vez por mi incurable adicción a los zapatos.

Hace pocos días tuve la oportunidad de estar nuevamente en Nueva York.

Pisar los escalones de la casa de Carrie, sentarme a comer en la misma mesa del mismo restaurant en el que ella estuvo, visitar la misma zapatería en la que ella compra, realmente me erizaron la piel.

Al ojo crítico esto puede parecer superficial, pero cuando se crece mirando la vida de un personaje a través de la pantalla, ese personaje de ficción se vuelve parte de uno.

Cuando iba a la universidad vivía en un departamento a mil kilómetros de mi familia. Y lo cierto es que Carrie fue mi compañera muchas noches que pasé comiendo sola frente a la tele.

Estar en su ciudad y recorrer las locaciones de su vida fue como visitar la casa de una amiga que se conoce hace mucho tiempo.
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miércoles, 30 de marzo de 2011

Las empalagosas


Hace unos días fui a inscribirme en un curso de francés. Después de hacer una larga cola en el departamento de alumnos, llegué un tanto crispada a un escritorio donde me atendió una señora muy amable. Demasiado amable, pensé en ese momento.

Es que la señora en cuestión me trataba de “bebé”: “Estos son los horarios, bebé”, “¿tarjeta o efectivo, bebé?”.

No es la primera vez que me topo con una de estas señoras que derrochan dulzura, y que en lugar de decirte “señora” o “señorita” poseen una amplia lista de sobrenombres confianzudos: “mi amor, querida, madre, madrecita, flaquita, gordita, negri, entre otras”.

Pero en esta oportunidad, me puse a pensar en todas las veces que me he quejado porque me atienden mal, en todas las veces que he tenido que soportar la cara de traste de una empleada, operario, funcionario o lo que sea.

Entonces me dije a mí misma, quizás estas señoras empalagosas sean una bendición. Bueno si, son cursis y cachudas, pero por lo menos están siempre alegres y transmiten buena onda.

No sé si me gusta que me digan “bebé”, pero la próxima vez que tenga que ir a pagar la cuota de francés, voy a ir bien predispuesta, porque la señora gordita que me atendió era de lo más atenta.
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sábado, 12 de marzo de 2011

De reinas y amantes


Está claro que los hombres monógamos son una especie en extinción.

Más allá de la tendencia natural del género masculino, las mujeres somos muchas veces inescrupulosas, e incrementamos las tentaciones.

Del engaño muy pocas se salvan. Y he llegado a comprobar, que mientras más alta es la posición socioeconómica, más decadente se vuelven los comportamientos.

Ejemplo claro de ello es la experiencia de las reinas de la historia, resignadas testigos de los amoríos de sus maridos.

Uno puede llegar a pensar que esto les ocurría a las que se descuidaban, pero no. Les pasó a casi todas. Por más destacables que fueran.

Leonor de Aquitania fue una mujer extraordinaria. Reina de Francia y reina de Inglaterra, manejó desde joven los hilos del poder, renegando de las tradiciones que se le imponían por el hecho de ser mujer. Controló a sus enemigos y conspiradores, protegió celosamente sus dominios, cultivó el arte, y hasta encontró el tiempo para tener y criar diez hijos.

Sin embargo, la talentosa Leonor, tampoco se salvó de las humillaciones inferidas por su segundo marido, Enrique II de Inglaterra.

Claro que si la madre de Ricardo Corazón de León no se salvó de los engaños, ¿qué queda para el resto de las mortales?

Leonor jamás se dejó rebajar por las circunstancias. Porque sabía que ella era la protagonista de la historia.

Una vez escuché en una película, que las personas se dividen en protagonistas y actores secundarios. Habría que plantearse seriamente de qué lado queremos estar, y tomar todas las decisiones desde ese punto de vista.

Nada más triste que ser actriz secundaria de la vida.
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sábado, 5 de febrero de 2011

Las divas molestan


Definitivamente, la mujer glamorosa molesta a muchos.

Hace poco estaba leyendo el blog de una señora muy elegante que brinda consejos de moda y estilo. Ella, a pesar de no tener la necesidad de hacer nada, comparte sus secretos con sus lectoras.

De todos los comentarios que la gente le deja en el blog, gran parte de ellos se refieren puntualmente a ella y a su costumbre de estar siempre arreglada. “Por favor, poné una foto tuya en jogging”, “Muero por verte en zapatillas”…

¿Por qué molestará tanto que una mujer esté siempre linda y prolija? Hay como una necesidad de romper con los mitos de las mujeres producidas.

Yo, que ni por casualidad tengo el glam de esta señora del blog, he padecido durante toda mi vida comentarios como estos. “Ceci, ¿vos nunca te bajás de los tacos?”, “¿Todos los días te hacés el peinado?”

Internet está llena de páginas que dicen contener fotos de mujeres paquetas sin maquillaje. ¿Por qué existe este morbo?

La verdad es que no entiendo. Ojalá existieran más divas, ejemplos de elegancia y distinción. Marylin Monroe, Rita Hayworth, ¿acaso no decoran la vida?
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martes, 23 de noviembre de 2010

En el supermercado


Se puede decir mucho de una persona con sólo mirar lo que lleva en el carrito del supermercado.

Hoy había un señor adelante mío en la fila para pagar, que llevaba una botella de whisky, sándwiches de miga y langostinos. No hizo falta ni mirarlo para darme cuenta de que estaba frente a un bon vivant. Son mis favoritos.

Pero, a su vez, en el supermercado abundan las que yo denomino “chicas light”. Si, esas que cargan el carrito con yogur Ser, galletitas de salvado y manzanas. Honestamente, me deprimen.

También es común toparte con las clásicas amas de casa (de las que tienen miles de niñitos) que compran de todo mucho y en envase grande. Llevan el carrito lleno hasta el tope. Y encima, probablemente la compra les dure sólo una semana.

Y después está, por supuesto, el carrito del soltero: cerveza, desodorante, espuma de afeitar y comida congelada.

Los carritos hablan. Reflejan tu día a día. Hoy el mío probablemente decía que voy a pasar una linda nochecita de verano con algunos invitados: queso brie, camembert y vino rosé. No puede fallar.
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martes, 26 de octubre de 2010

Heridas de mujer


Muchas veces he escuchado decir que la lucha por los derechos de la mujer es un concepto antiguo. Que los atropellos a la integridad femenina son cosa del pasado.

Permítanme decirles, nada más lejos de la realidad.

Podría enumerar cientos de formas de discriminación a la mujer, que aún persisten.

Sin embargo, voy a hablarles de un solo caso. Un caso tan estremecedor, que cuando lo leí en la revista Sophia, no pude evitar llorar.

Waris Dirie, se hizo conocida en un primer momento, por su trabajo como modelo. Pero esta mujer nacida en Somalia, ha dedicado sus días a mucho más que la pasarela.

Es una luchadora incansable, que se dedica a combatir una realidad aberrante, que es la mutilación genital femenina.

Cada año, millones de niñas de algunos países de África y Asia, sufren esta imperdonable injusticia. La misma Waris, fue una de ellas.

Para tomar realmente conciencia de lo que esta práctica implica, quisiera transcribir su relato en primera persona:

“Un día mi madre me dijo: “Mañana es el día de Gudniin” y esa noche recibí doble ración de comida. Cuando el día llegó, no sabía lo que iba sucederme. Fui con mi madre cerca de unos arbustos, donde apareció una gitana, me acostó en el piso y abrió mis piernas mientras mi madre me sostenía los brazos. La mujer sacó una cuchilla rota, poco afilada, mi madre me tapó los ojos con una venda, me puso una raíz en la boca y tomó mi mano. El dolor era indescriptible y yo rezaba para que terminara de una vez, hasta que me desmayé. Cuando desperté la gitana me había cosido y dejado una abertura del tamaño de la cabeza de un fósforo. Ataron mis piernas juntas desde los tobillos hasta la cadera para evitar que la herida se abriera. La herida se infectó y tuve fiebre por varios días, pero fui afortunada porque no morí…”

El testimonio es crudo, pero creo que conocerlo es la única forma de comenzar a entender la magnitud de esta atrocidad.

A Waris le dijeron que todo era para convertirla en una mujer respetada.

Ella siempre sospechó que algo estaba mal, más allá de las costumbres de su tierra natal, y pudo escapar. Pero muchas otras mujeres desconocen que merecen una vida diferente.

Estas cosas suceden cuando perdemos la noción de lo que valemos, de nuestra dignidad femenina.

Si querés apoyar la causa de Waris Dirie, entrá en http://www.waris-dirie-foundation.com/en/
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jueves, 7 de octubre de 2010

Cómo insultar a una mujer


Hace unos días iba caminando por la calle y pasé por al lado de una pared blanca en la que podían leerse dos frases. Una de ellas iba dirigida a un ex presidente, la otra apuntaba a la actual presidente de la Nación.

La primera decía simplemente: “Pirulito: Ladrón”. La segunda, mucho más chocante, “Pirulita: yegua puta”. Sepa el lector disculpar que reproduzca estas palabras, pero resulta necesario para ilustrar mi punto de vista.

Este grafiti me hizo pensar en el tema de los insultos.

En todos los ámbitos, no sólo en la política, cuando se insulta a un hombre, se lo ataca por lo que efectivamente es criticado: ladrón, corrupto, degenerado, etc.

Ahora bien, cuando se quiere agraviar a una mujer, se recurre sistemáticamente a su sexualidad: puta, yegua, perra, etc.

Incluso cuando realmente se quiere herir a un hombre, se utilizan expresiones injuriantes para con la madre o hermana de éste. Sin embargo, nada suelde decirse de las elecciones sexuales del hombre (salvo cuando se usa la homosexualidad como insulto, que realmente no es tal).

Pareciera que para los hombres ser promiscuo no es malo, pero para nosotras sí lo es.

Perdonen que sea insistente pero, ¿no les parece misógino? ¿No es esta, acaso, otra forma más de reducir a la mujer a su vida sexual?

Yo no defiendo las políticas públicas de la Presidente. Es más, no las comparto. Sencillamente creo que si nos van a insultar, las mujeres merecemos al menos un poco más de creatividad.
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lunes, 26 de julio de 2010

La verdadera Lady


En una sociedad sumida en la cultura de la apariencia, conviene recordar algunos conceptos básicos.

La imagen es un aspecto importante en la vida de la mujer, y como tal debe ser atendido. Sin embargo, otros valores deben ser cultivados.

De nada sirve una apariencia intachable, sin un comportamiento acorde.

Recordá que para ser una SEÑORA con todas las letras, una verdadera lady, se requiere mucho más que unos lindos modales, una cartera cara y un apellido paquete.

Una lady es quien se entrega con devoción a aquellos que ama.
Una lady es fiel. Nunca traiciona.
Una lady no alimenta rencores ni envidias.
Una lady no habla a espaldas de nadie.
Una lady respeta a los demás.
Y, ante todo, una lady se respeta a sí misma.
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sábado, 24 de julio de 2010

Chica de tapa


Las mujeres que salen en la tapa de las revistas son impresionantes. Tienen piel de porcelana, un pelo divino y un look perfectamente cuidado.

La chica de tapa es aquella con la que todo hombre quisiera salir, y la que toda mujer quisiera ser.

Sabemos que para lograr la tapa de una revista se requieren horas y horas de producción. Sin mencionar los mejores especialistas.

Entonces yo me pregunto ¿acaso las mujeres comunes no merecemos el mismo tiempo de producción?

La sociedad nos exige estar siempre impecables, pero no contamos con el tiempo suficiente.

Los trabajos cada vez vienen con horarios más imposibles ¿A quién se le ocurre que si salís a las siete de la tarde de la oficina vas a tener tiempo o energía para dedicar a tu imagen?

Y, por favor, que levante la mano la que nunca tuvo a su pareja paradito al lado de la puerta del baño preguntando: “¿te falta mucho???”

“Si, me falta mucho. Porque estar divina requiere dedicación. Así que no me apures!!!” Eso es lo que deberíamos contestarles. Pero no, nos apuramos para no hacerlos enojar.

Las mujeres tenemos derecho a demorar, porque somos mujeres.
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domingo, 11 de julio de 2010

La fashion victim


Como dijo un experto: “La moda se desvanece, el estilo es eterno”.

Leí esta frase en un libro hace algunos años. Recuerdo haber pensado: es muy cierto. En aquella oportunidad interpreté que se trataba de una máxima aplicable a la ropa y los accesorios.

Tiempo después, me di cuenta de que Yves Saint Laurent se refería a algo más. El estilo no sólo importa al momento de armar el guardarropa. Es una actitud frente al mundo.

La fashion victim no es simplemente la mujer que necesita tener puesto el último grito de la moda, es la que no puede hacer su vida a su manera, sino que vive atada por las tendencias sociales. Es incapaz de rebelarse a los estándares de lo políticamente correcto, y ser ella misma le resulta imposible. Es incapaz de forjar un estilo propio.

Tener estilo es saber quiénes somos, o al menos estar interesadas en averiguarlo. Es respetarnos lo suficiente como para preguntarnos qué queremos en realidad. Es no prestar atención a las modas impuestas por sectores de la sociedad que nos resultan ajenos.

Es vestirnos como gustemos, buscar el trabajo que añoremos, pelear por los ideales que consideremos justos. Es subir sin pisar cabezas.

No importa lo que esté de moda en el ámbito de las relaciones de pareja. No importa lo que se use en el momento, vos podés hacerlo a tu manera.

No existen trabajos correctos. El empleo digno es el que elegís, desde el alma.

La moda se desvanece, porque con el correr de los años, fue cambiando lo que es socialmente valorado. Y, créanme, seguirá mutando.

Las mujeres con estilo son atemporales.
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miércoles, 7 de julio de 2010

La opinóloga


A las mujeres nos cuesta mucho manejar con prudencia el tema de la expresión oral.

Más de una vez nos pasa que nos queremos matar por algo que dijimos, y nos gustaría volver el tiempo atrás. Otras veces nos arrepentimos por no haber dicho algo en su momento.

A mí, en general, me gusta la gente que dice las cosas a la cara. Nada peor que esas personas que nunca se sabe lo que están pensando. Me da la sensación de que en cualquier momento pueden explotar. Guardarse todo no sólo no está bueno, es peligroso.

Además de las que nunca dicen nada, existe otro tipo de personas aún más detestables: los que dicen de todo, pero a tus espaldas. Pa-té-ti-co! Actitud que condeno enfáticamente.

Pero, esperen. La lista aún no termina. Aquí viene la peor especie de todas: la opinóloga. Son esas personas que necesitan siempre dar su opinión sobre todo, aún cuando no se la hayas pedido. O también puede suceder que efectivamente les pidas una opinión, pero que te lo repitan cien veces hasta hartarte.

Ustedes dirán que soy una caradura, ya que yo escribo este blog, que es básicamente de opinión. En mi defensa quiero decir que son cosas distintas. Yo acá elaboro y comparto, en abstracto, mis teorías sobre la vida femenina. Pero yo no me meto donde no me llaman.

Las opinólogas son las que opinan sobre la vida de los demás con una autoridad tal, como si realmente estuvieran pegadas a una todo el tiempo. Son las que te dicen que algo te queda mal, o que te subiste unos kilitos sin que les hayas preguntado. Son las que, como no tienen nada propio para hacer, se dedican a manejar la vida de los otros. Son las que creen que se las saben todas.

No me malinterpreten. No estoy en contra de la libertad de expresión. Simplemente estoy en desacuerdo con los comentarios innecesarios o sobreabundantes.

Escuché una vez que si no se puede mejorar el silencio, es mejor callar. Creo que es un aprendizaje que todas deberíamos incorporar.
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miércoles, 16 de junio de 2010

La publicidad y los estereotipos


Hay quienes piensan que la publicidad es un reflejo de la sociedad. Queridas amigas, permítanme decirles que, si es así, estamos en el horno.

Para empezar, todas las propagandas de productos de limpieza tienen como protagonistas a mujeres. Pero no a mujeres normales, sino a amas de casa desesperadas cuya principal preocupación es que el inodoro quede bien limpio o que los pisos estén relucientes. Estas damiselas en desgracia reciben con cara de asombro y felicidad desbordante, la llegada de un señor musculoso que viene a salvarlas de tener que fregar, o la visita de una gota simpática de detergente.

Ante esto quisiera aclarar algunas cosas. Primero, tanto hombres como mujeres tenemos la misma capacidad de limpiar la casa. Segundo, a las mujeres no nos emocionan los productos de limpieza, nos conmueven las joyas, y en el peor de los casos, las flores. Tercero, todas esas propagandas son malísimas.

Por otro lado, tenemos las publicidades de productos para hombres. Voy a tomar como ejemplo la más nefasta de todas. Se trata de un desodorante que tiene como particularidad convertir hasta al más feo de los hombres, en una especie de imán de mujeres.

A continuación, mis comentarios. En primer lugar, las mujeres no nos comportamos como gatas en celo. No nos damos vuelta a mirar un tipo por el olor, y menos si se trata de un desodorante berreta. Además, tengo la esperanza de que esta propaganda esté cometiendo una injusticia al caracterizar a los hombres como lo hace, porque si realmente se sienten identificados, es muy lastimoso.

Quiero creer que las mujeres tenemos cosas más importantes que hacer que elegir un limpiador y que los hombres son más que muchachitos desgarbados a la pesca de minitas por docena. Ojalá los publicistas algún día se enteren.
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lunes, 7 de junio de 2010

Por amor a vos


¿Alguna vez te preguntaste por qué hay mujeres que son naturalmente glamorosas?

Seguramente estarás pensando: “Yo invierto cualquier cantidad de tiempo y plata en estar bien, pero nunca quedo como yo quiero”.

Luego de varios años de observación a este tipo de mujeres que están siempre divinas, llegué a una conclusión: La diferencia está en que a ellas les gusta arreglarse.

Si, tan simple como eso. Hay personas que disfrutan del proceso de producción.

La mayoría de las mujeres que conozco “sufren” para estar lindas. No les gusta hacer ejercicio. Asocian comer sano a comer poco. Les da fiaca peinarse y pintarse. Etc.

Así nunca vas a lograr buenos resultados. Las cosas que se hacen de mala gana no salen bien. Obvio que a nadie le divierte depilarse, pero es importante que aprendas a disfrutar de tu producción. Es una forma de diseñar tu imagen personal. Nada menos que una forma de arte.

Y no lo hagas por los motivos equivocados. No trates de mantenerte flaca o joven porque la sociedad te lo demanda. Hacelo por vos. Y si no, no lo hagas.

Ser coqueta es una característica de la femineidad. Encontrá tu estilo, y vivilo con relax.

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domingo, 4 de abril de 2010

Los contadores de cuentos


Amo a la gente que sabe disfrutar de la vida.

¿Vieron que a veces uno conoce personas que parecen haber vivido experiencias increíbles? Son seres encantadores y optimistas que atesoran cada momento en sus memorias.

En ocasiones veo el programa de Francis Mallmann por el canal de televisión "El Gourmet". Además de gustarme mucho sus recetas, disfruto de las historias que cuenta mientras prepara sus platos. Cada comida tiene una anécdota única.

Así como Francis, en mi vida he conocido muchas personas que aprovechan cada minuto: Amantes de la comida rica, de los lugares bellos, de los encuentros con seres queridos, de la buena música.

Yo, peleando con mi personalidad inquisitiva, trato de seguir su ejemplo. Creo que es muy positivo rodearse de ellos. Para aprender a disfrutar, nada mejor que compartir tiempo con los especialistas.

Me encanta escuchar sus historias, soñar, soltarme y, también yo, coleccionar buenos momentos.
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viernes, 26 de marzo de 2010

Grandes Mujeres


No conozco nada más seductor que una mujer con mucha personalidad. De por sí, las mujeres somos seres más estéticos y bellos que los hombres. Pero si a esa delicadeza y elegancia de las curvas femeninas, le agregamos un espíritu grande, la combinación es exquisita.

Curiosamente, estas amazonas de la vida no suelen ser pacíficamente aceptadas. En general, existe cierta reticencia hacia ellas. Despiertan polémicas y antipatías, no sólo en hombres sino también en mujeres.

A mí estos personajes abrumadores me resultan fascinantes. En realidad, lo que me cautiva no son sus actos en particular, sino la pasión que ponen en ellos.

Actualmente estoy leyendo un libro de Patricio Lóizaga sobre Victoria Ocampo. Él describe a la escritora como una mujer increíble, y la compara con Eva Perón. Está claro que se trata de dos mentalidades y dos realidades completamente diferentes. Por un lado, una chica poco educada de clase obrera, con fuertes intervenciones en la vida política argentina. Por el otro, una aristócrata que se convierte en un ícono de la cultura nacional. Pero Lóizaga nos recuerda que ambas tuvieron mucho en común: la lucha por los derechos de la mujer, y las polémicas que generaron en sus círculos.

Podemos simpatizar o no con Victoria y con Eva, pero no podemos negar que siempre llevaron por dentro un fuego inagotable, una personalidad arrolladora.

No dejo de pensar que la pasión es un elemento clave para la vida. Las mujeres que viven guiadas por ella revolucionan el mundo. Dejan marca.

Pero ser apasionada es un arma de doble filo. Tanta energía, tantas ideas, pueden volverse inmanejables. Pienso, por ejemplo, en el suicidio de Virginia Woolf. Vivir intensamente tiene sus riesgos. Creo, sin embargo, que la vida lo amerita.
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domingo, 21 de marzo de 2010

La irresponsable


Tener un hijo es la decisión más importante que uno va a tomar en su vida. Permítanme fundamentar esta afirmación. Cuando elegimos qué carrera seguir, a dónde ir de vacaciones o con quién casarnos, generamos consecuencias principalmente para nosotros mismos. Seguramente afectaremos también la vida de otras personas, pero de modo indirecto. Y, en todo caso, se trata de personas conscientes.

Cuando se trae a una persona al mundo, ya no se trata sólo de uno, se trata de un tercero: el hijo o hija.

El progenitor es plenamente responsable por esa persona que engendra.

Para tener un bebé hacen falta muchas cosas. Primero, estabilidad emocional y madurez suficiente de los padres. Si uno no puede con sí mismo, menos aún podrá con un hijo. También se necesita cierta seguridad económica. No es justo que un niño deba padecer necesidades básicas.

Sin embargo, veo con tristeza como, en la práctica, estos factores no son tenidos en cuenta al momento de procrear.

Adolescentes ignorantes que no usan métodos anticonceptivos, gente sumida en la pobreza con siete hijos, solteros y solteras desesperadas alquilando vientres o pidiendo esperma prestado. Me parece muy deprimente.

Estoy cansada de escuchar a la gente decir que necesitan ser padres para realizarse como personas. A ver si lo entendemos, el acto dar vida es muy delicado, no es una solución para encontrarle sentido a la vida ni para hacer algo con nuestro tiempo de sobra. Si estás aburrida, comprate un perro.

Es muy común que los hijos cuiden a sus papás en la vejes, pero desterremos esta idea de que los hijos son propiedad de los padres. No los tenés para que después te cuiden. No tienen porqué pagar por nuestros errores y no tienen porqué hacer de sus vidas lo que a nosotros nos parece conveniente.

Dar vida puede ser un acto de generosidad o de egoísmo, según cómo se encare.
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