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martes, 9 de abril de 2013

Cómo lidiar con un ataque de ansiedad

Son muchos los factores que pueden provocarnos un ataque de ansiedad.

Las mujeres de hoy vivimos bajo presiones de todo tipo: laborales, personales, estéticas y hasta existenciales.

No conseguís trabajo, no conseguís un mejor trabajo, tu marido te vuelve loca, tus hijos no te dan tiempo de nada, ese chico al que le diste el teléfono no te llama, no podés bajar esos kilitos de más, tu novio te dejó, tus amigas te critican, etcétera, etcétera. La lista es interminable.

¿Qué tenemos que hacer cuando vivimos este tipo de situaciones?

Primero tenemos que decirnos a nosotras mismas, que los típicos comportamientos compulsivos e irracionales no nos van a llevar a ningún lado.

Tirarse a la cama para llorar durante días no sirve de nada. Por el contrario, es una conducta que si se vuelve hábito, puede ser muy peligrosa.

Comer como un cerdo tampoco resuelve nada. No vas a encontrar consuelo en la comida y lo único que vas a lograr es estar, además de triste, gorda.

Enojarte tampoco es bueno, ya que te convierte en un ser insoportable para los que te rodean y, por lo tanto, te aísla y te hace estar aún más bajoneada.

Mi consejo es buscarse algo productivo para hacer, o un hobby, un deporte, lo que sea que te mantenga ocupada mientras la herida se cierra. Jugar al golf, estudiar francés, redecorar la casa. Lo importante hacer algo.

También recomiendo invertir en una misma. Ponerte linda siempre ayuda a sentirte mejor. Hacete las manos, un baño de crema, un peinado o comprate un vestido nuevo. Cuando te veas más atractiva, vas a tener más confianza en vos, y eso se proyecta también en los demás.

Por último, y esto es seguramente lo más difícil de conseguir, hay que tener paciencia. Las cosas nunca se resuelven de un día para el otro. Pero recordá que lo que sea que te tiene mal, eventualmente, va a pasar.
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martes, 27 de noviembre de 2012

Mujeres inteligentes - Errores tontos


Todos los días, en diferentes partes del mundo, miles de mujeres inteligentes cometen errores básicos y tontos. Lo sé porque lo leo en los diarios y revistas, lo veo en la televisión y lo vivo con mis conocidas (además de haber cometido unos cuantos yo misma también).

Estoy hablando de mujeres inteligentes, pensantes, universitarias, con las que se puede mantener conversaciones profundas e interesantes. Sin embargo, algunas conductas se repiten patológicamente sin remedio.

He aquí una enumeración no taxativa de los errores tontos más comunes cometidos por mujeres inteligentes:
                
Pensar “conmigo él va a cambiar”. Los hombres no cambian sus defectos con el tiempo, a lo sumo empeoran. Creer que tenés la capacidad de reformar a un hombre es completamente iluso y hasta tonto. No te cases con un mujeriego pensando que cuando esté casado con vos va a ser diferente porque te vas a llevar una gran decepción. Casate con el hombre que te guste tal como es.

Teñir el vello facial. Jamás pero jamás. El vello se depila, no se tiñe. Teñirlo no lo oculta, sólo pasás de parecer un oso pardo a parecer un oso polar, nada más.

Hacer una dieta hipocalórica. Las dietas de 800 calorías o menos por día no sirven. Bajás 3 kilos en una semana, y a la semana siguiente subís 10. De peso se baja de a poco, día a día, prudentemente. Lo mismo se aplica al bronceado. El color se logra en 20 días. No menos, salvo que quieras arruinarte la piel.

Acosar a un hombre. Las mujeres desesperadas no son sexies. Llamar constantemente a un chico, ir a todos los lugares a los que él va y revisar exhaustivamente su perfil de Facebook no van a servirte de nada. Aunque te guste mucho alguien, no estés demasiado pendiente.

Los breteles de silicona. He escuchado a muchas mujeres decir: “me pongo el strapless con un corpiño con breteles transparentes”. Error. Los breteles de silicona no sólo se ven, sino que además quedan horribles.

Hacer preguntas cuya respuesta no querés oír. No le preguntes a tu novio: “¿quién te parece más linda Angelina Jolie o yo?”. ¿Qué pretendés que te responda la pobre víctima? La respuesta es obvia. Más vale no ponerlo en apuros y ahorrarse una posible respuesta desagradable.

Casarse disfrazada de otra. El día de tu casamiento tenés que estar lo más parecida a vos misma posible. Por eso si toda tu vida usaste el pelo suelto, no improvises un rodete tirante el día en que te casás. La fiesta de casamiento no es un día para experimentar un nuevo estilo, dejalo para cualquier otra ocasión.

Mentir con la edad. Quitarte años es lo más estúpido que podés hacer. La gente se da cuenta de que no tenés la edad que pretendés vender. O quizás te creen que tenés unos años menos, pero por dentro piensan “che, está bastante arruinada para ser tan joven”. Mejor es asumir los años con elegancia.

La lista no se detiene aquí. Los errores tontos de mujeres inteligentes son cada vez más comunes. Desde que el mundo es mundo se repiten a lo largo de las generaciones, y nada hace pensar que las cosas vayan a cambiar.
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martes, 18 de septiembre de 2012

Privacidad, por favor


Todas las mujeres tenemos mañas. Yo, particularmente, tengo muchas. Una de ellas es que necesito, quizás más de lo normal, mis momentos en privado.

Estoy convencida de que hay actividades que, por su misma naturaleza, deberían ser realizadas en privado, aunque socialmente no ocurra.

Dormir, por ejemplo, es algo privado. Soy la única hija mujer y nunca compartí mi cuarto con nadie. Hoy estoy casada y tampoco comparto mi cuarto con mi marido. Es que dormir, como dice alguien que conozco, es un acto muy íntimo.

Cuando me toca viajar de noche, sufro terriblemente la falta de privacidad. Rara vez logro conciliar el sueño, no importa qué tanto se recline el asiento o que me tome alguna pastillita que me ayude. Simplemente no puedo dormir fuera de mi cama, fuera de mi casa, rodeada de gente extraña.

Hacer ejercicio, es otra de las actividades que considero debería ser realizada en privado. DETESTO los gimnasios, lugares llenos de gente transpirando y jadeando. Muchas veces me anoto y me propongo asistir con frecuencia, pero no lo logro. Intento ir en los horarios menos frecuentados (al mediodía o a la siesta) y me siento en la última bicicleta pegada a la ventada, pero siempre alguien aparece y se sienta al lado, o el profesor me habla, y no me gusta. Simplemente no me gusta.

Entonces el ejercicio que más privacidad me proporciona es salir a caminar al aire libre, sola, y escondida detrás de unos grandes anteojos de sol. No me gusta que me vean desalineada.
                
Otra cosa para la que necesito sí o sí privacidad, es para producirme. No me gustan las peluquerías llenas de señoras conversadoras, por eso trato de ir lo menos posible, sólo cuando me toca el corte, color o las manos. Todo lo demás, lo hago yo misma.
                
Jamás se me ocurriría ir a peinarme o pintarme a otro lugar que no sea la privacidad de mi baño. No entiendo a esas mujeres que se peinan en la peluquería cuando tienen una fiesta.
                
Si alguien me interrumpe cuando estoy repasando uno a uno los mechones de mi pelo, o cuando estoy delineándome los ojos, lo más probable es que reciba una respuesta poco amable de mi parte. Producirme es mi momento privado, es casi un ritual, no me gusta compartirlo.
                
En fin, acepto completamente que en este sentido soy una neurótica total, y desde mi humilde lugar reafirmo el mito de que las mujeres somos bastante complicadas. Cada una tendrá sus mañas, las hay de tantos tipos como mujeres en el mundo. 
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sábado, 31 de marzo de 2012

Verdadero o falso


Uno de los lugares más lindos que he visitado en mi vida, es una isla griega ubicada en el mar Egeo que se llama Mykonos. Fui con mi marido para mi luna de miel. Quedé realmente enamorada de ese mar color turquesa.

Todas las mañanas, después de desayunar en el balcón de nuestro cuarto de hotel, bajábamos a la playa hasta el mediodía. Nos instalábamos en unos camastros super cómodos, y durante horas el programa consistía en relajarse y mirar pasar a la gente caminando por la playa.

Uno de los personajes que pasaba todos los días era un hombre corpulento que vendía carteras Louis Vuitton falsas. Tenía mucho éxito. Siempre alguna señora lo frenaba para comprarle sus productos.

Nunca me han gustado las imitaciones. Si no puedo pagar una cartera de determinada marca, prefiero usar otra marca más económica antes que comprar una falsa. En verdad no es un tema de snobismo. Hay algo de fondo que me molesta respecto a las imitaciones.

Y es que las carteras falsas aparentan ser algo que en realidad no son. El exterior dice una cosa, pero el interior dice otra. Pueden parecer un buen negocio al principio, pero no duran porque no son de calidad.

Curiosamente, lo mismo sucede con las personas. Hay quienes aparentan ser amables y educados. Sin embargo, cuando uno les da la espalda, aprovechan para criticar, engañar y sacar ventaja.

Muchas veces he conocido a mujeres que se muestran a sí mismas como grandes señoras, pero si se las mira más de cerca son mezquinas e interesadas. Detrás de la apariencia se esconde una realidad muy diferente.

Lamentablemente, en las relaciones humanas siempre han existido esos mundillos de falsedad e hipocresía. Está en nosotros ser o no parte de ellos. Uno tiene la posibilidad de elegir: Podemos ser una Louis Vuitton falsa, aparentando para los demás, o asumir quiénes somos realmente y vivir una vida auténtica.

Si bien todos los días el hombre se acercaba a mi sombrilla a intentar venderme una de sus carteras, nunca lo logró. Tanto en la moda como en la vida, me gustan las cosas verdaderas.
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sábado, 24 de marzo de 2012

¿Dónde está el amor de mi vida?


Nunca he sido devota de la idea de que estar en pareja sea determinante en la vida de una persona. Ahora bien, es cierto que transitar el camino propio es bastante más agradable cuando se hace de a dos.

En la escala de valores de la mayoría de las mujeres que conozco (y de los hombres también) encontrar la media naranja ocupa un lugar preponderante. Por ello no es de extrañar la desesperación que acarrea que con el paso de los años esto no suceda.

Cuando sos chica te imaginás a los 25 años casada y embarazada, pero de repente tenés 30 y nada de esto ha ocurrido.

La cama te queda grande, vas sola a las reuniones sociales, salís todas las noches aunque no tengas ganas y te atormentan los casamientos de tus amigas. Te da la sensación de que todo el mundo se casa menos vos. Te preguntás: ¿y dónde carancho está el amor de mi vida?

Lo primero que pensás es que hay algo de malo con vos. Pero no, está lleno de mujeres inteligentes, buenas y trabajadoras que están solas.

Entonces lees decenas de libros de autoayuda que insinúan que en realidad no estás “abierta al amor”, y que tenés que hacer un cambio interior antes de que puedas estar preparada para llevar adelante una relación de pareja. Pero no, tampoco es eso. Si estás más abierta que mejillón en cazuela.

La realidad es cruda. El problema no sos vos, ni tu cuerpo, ni tu mentalidad, ni nada. El problema es que no hay hombres. Frase trillada si las hay, pero muy cierta. Bueno, técnicamente si hay hombres. Ahora, hombres elegibles casi ninguno. Los pocos que hay deben estar de novios, comprometidos, casados o escondidos.

Quizás en la generación de nuestras abuelas las mujeres eran bastante menos exigentes para elegir a sus parejas, pero vos, una mujer moderna, no te conformás con cualquier perejil. Buscás al hombre de tus sueños, al amor de tu vida.

Y siguen pasando los años, y no aparece. Tal vez llegue cuando uno menos lo espera. Lo importante es nunca cerrar el alma, y nunca contentarse con menos.
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lunes, 17 de octubre de 2011

La mirada de los demás


Aunque muchas intenten negarlo, la mirada de los demás nos pesa.

Podés ser la mujer más segura del mundo, pero siempre, en mayor o menor medida, buscamos la aprobación del otro.

Si bien es cierto que escribo este blog porque me hace feliz, mentiría si dijera que me es indiferente la reacción del lector.

Nos importa lo que los demás piensen de nosotros, y nos gusta mucho que nos digan cosas lindas.

Ahora bien, ¿cómo reaccionamos cuando las críticas no son positivas?

A lo largo de los años, he comprobado que uno recibe más críticas buenas que malas. Esto no ocurre porque somos intachables y amorosas. No. Ocurre porque, en general, hay muy pocas personas dispuestas a decirte algo que no te gusta a la cara.

Cuando la crítica es negativa suelen ocurrir dos cosas: o son manifestadas a tus espaldas, o son reprimidas para “evitar confrontar”. Yo las llamo meramente dos formas distintas de hipocresía.

Si bien es cierto que en ocasiones la crítica resulta innecesaria y hasta inoportuna, hay momentos en los que diciendo la verdad, aunque no sea linda, ayudamos, y mucho.

Aún así, me pregunto, ¿no será que hay poca gente dispuesta a decir la cruda verdad, porque hay poca gente dispuesta a escucharla?

¿Acaso es como todo en el mercado? ¿Hay poca demanda y por eso baja la oferta?

Escuchamos a nuestras amigas cuando nos dicen lo que queremos oír, pero nos enojamos cuando nos reprueban. ¿Qué tiene de enriquecedor que nos cuenten una versión editada de la imagen que proyectamos?
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jueves, 4 de agosto de 2011

Miedo a estar sola


Todas sabemos que encontrar a un hombre que llene todas nuestras expectativas es muy difícil. Quizás esto explique la patología que vienen sufriendo varias de mis amigas.

¿Por qué nos ponemos de novias de entrada con un hombre que no nos encanta?

Cuando tenía 18 años me vine a vivir a Buenos Aires para empezar mi carrera universitaria. Me sentía super sola y triste. Lo peor eran los domingos. Entonces comencé a salir con un chico que era un amor y al poco tiempo me puse de novia.

Él era muy buen candidato: excelente persona, educado, buen mozo y correcto, pero a mí no me terminaba de enamorar.

Entonces me di cuenta: no quería estar con él, simplemente no quería estar sola. Actualmente son muchas las mujeres que padecen este mal.

¿Por qué prolongar una relación de pareja que sabemos que no va más? ¿Por qué nos conformamos? ¿Baja autoestima? ¿Para no estar solas? ¿Para no enfrentar y lidiar con el problema?

Hoy en día el tema de quedar “solterona” sigue siendo un problema en las cabezas femeninas.

Pero nunca vamos a conocer a "Mr. right" si no cortamos con "Mr. ok".

Además, incluso si nunca más conocemos a otro hombre ¿no es mejor estar sola que mal acompañada?
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lunes, 4 de julio de 2011

Dar por sentado


Estar en una relación de pareja larga y estable tiene muchos beneficios.

Sin duda amar durante muchos años a una persona es maravilloso. Una se siente más segura y plena. Ya no hay que someterse al universo impredecible de las salidas, ni pasar horas al lado del teléfono esperando que alguien llame.

Cuando uno está muy bien con el otro, es más fácil relajarse y ser uno mismo al cien por ciento.

Ahora bien, es bueno estar cómodo, pero no demasiado cómodo. Permítanme profundizar esta idea.

Uno puede estar muy seguro del amor que el otro siente, pero es importante (perdonen lo cursi de este párrafo) regar ese amor todos los días.

Las parejas exitosas se construyen sobre la base de un mínimo de coincidencias en cuanto a proyectos de vida. Aún así, existen detalles que las enriquecen y no permiten que se vuelvan monótonas.

Las comidas románticas, las flores, los halagos y las caricias importan. Y mucho.

Conozco mujeres que detestan el romanticismo, pero a la mayoría nos encanta.

Los hombres son más simples y sensoriales. Se los mantiene contentos con buena cocina y buena intimidad.

Lo importante es preguntarse qué necesita el otro, y procurar hacer todo lo posible para dárselo.

Insisto en que la astucia de las parejas consolidadas consiste en encontrar ese delgado límite entre estar relajado y estar dejado.

Con lo difícil que es encontrar el amor, más vale que lo cuidemos muy bien.
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martes, 15 de febrero de 2011

Cuando se pierde el glamour


A todas nos gusta sentirnos sexys y femeninas, pero admitámoslo, a veces el trabajo y la rutina nos juegan en contra.

Muchas de mis amigas que viven con sus novios o maridos, me cuentan que llegan tan cansadas a sus casas, que no tienen energía para nada más que ponerse el pijama y meterse en la cama. De más está decir que si ni se sacan la pintura de la cara, menos aún tienen algún tipo de contacto pasional con sus parejas.

Con el correr del tiempo, estas licencias de cansancio devienen en un hábito difícil de revertir, y nosotras nos transformamos en la anti-diva. La mujer dejada que no se arregla porque NO TIENE TIEMPO.

No es por sermonear a nadie, pero esto no está bien.

Yo entiendo lo agobiantes que pueden ser las obligaciones diarias. Van a haber días en los que una sólo quiere llegar a su cama. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado de que no pasé de una práctica excepcional.

Un baño relajante con sales y espuma puede lavarte el día del cuerpo y ayudar a resaltar tu feminidad. En lugar de ponerte una pijama viejo, ponete alguno de seda. Perfúmate antes de entrar a la cama. Date un masaje con crema hidratante. Hay muchos rituales que relajan y te hacen linda al mismo tiempo. El estrés no es excusa.

Obvio que nadie está vestido de gala las 24 horas, no es eso lo que estoy sugiriendo. Sólo reivindico que no perdamos la actitud ni la costumbre de ser mujer.
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miércoles, 29 de diciembre de 2010

¿Me volví antisocial?


En general, se podría decir que soy una persona abierta a la novedad. Me gusta viajar a lugares nuevos, cocinar recetas nuevas y visitar restaurants nuevos. Todo pareciera indicar que también me gusta conocer gente nueva. Curiosamente, no es así.

Cuando era más chica, estaba muy abierta a hacer amigos. Lo cierto es que a mi edad, esto ha cambiado.

Me gusta estar con mis conocidos de siempre y no me despierta demasiado entusiasmo la compañía de otra gente.

No me atrae ir a reuniones multitudinarias llena de personas desconocidas. Me dan fiaca las salidas entre parejas, los amigos de amigos y los extranjeros de visita.

Soy consciente de que lo que estoy diciendo no es muy políticamente correcto, pero es lo que me pasa.

¿Es que hay una edad en la que la lista de amigos ya está cerrada?¿O soy yo?
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martes, 12 de octubre de 2010

Una habitación propia


Siempre he sido una mujer poco convencional. Además, he tenido la suerte de conocer a un hombre que comparta mis ideas.

Desde el principio de nuestra relación, siguiendo a mi querida Virginia Woolf, él y yo decidimos que queríamos tener cuartos separados. Hoy, casados y con una casa en común, nuestra intención se ha materializado.

Dormir con el ser amado es una sensación muy linda. Una se siente protegida. De hecho, la mayoría de las noches mi marido y yo dormimos en la misma cama.

Aún así, creo que realmente es aconsejable que cada persona de la pareja tenga su propio espacio.

Mi cuarto es 100% yo. Tengo mis libros de derecho, mi literatura femenina y mis toneladas de zapatos.

El cuarto de mi marido es 100% él. Está Tolkien, Willbur Smith, Edgar Allan Poe y todos sus ídolos.

Él puede jugar a su odiosa play station sin que yo lo moleste, y yo puedo ver Sex and the City hasta altas horas de la madrugada.

Cuando no me siento muy sexy, duermo sola en mi cama. De esta forma evito tener que estar impecable todas las noches.

Cada persona es una individualidad y no me parece sano tener que dormir siempre juntos. Más aún, teniendo en cuenta lo íntimo que es el descanso.

La privacidad es un bien que hay que cuidar, ya que ayuda a mantener el misterio.
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viernes, 20 de agosto de 2010

Una señora bien


Todas sabemos que a los hombres les gustan las mujeres sexys y divertidas. Pero para muchos, estas características son sólo aceptables en la medida en que no se refieran a sus novias/mujeres.

Si, mis queridas amigas, aún quedan muchos cavernícolas que clasifican a las mujeres en dos tipos diferentes: o putas o santas.

Estos seres masculinos con cabeza prehistórica, no admiten que sus parejas hagan nada “fuera de lugar”. Las quieren vestiditas discretas, con opiniones neutrales, amistades que ellos aprueben y de vuelta en casa temprano. No dejan que se diviertan o que se suelten. Pretenden un comportamiento acorde a lo que ellos llaman “una señora bien”.

Las mujeres no nos damos cuenta del peligro que esto acarrea.

Si un tipo te elige la ropa, los amigos, qué decir, hacer o pensar, entonces ese tipo no te respeta.

Son hombres que tienen “culturalmente” arraigado que son los dueños de sus mujeres. Y lo más triste es que algunas interpretan esto como signo de amor.

Yo les recomiendo, chicas, que si ven a uno de estos personajes, corran, bien lejos.

De la subestimación femenina al maltrato psicológico o físico, hay sólo un paso.
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jueves, 12 de agosto de 2010

Esta soy yo


Desde este blog siempre he defendido que lo más importante es ser uno mismo. Pero ¿qué pasa cuando ser uno mismo implica ser insoportable? ¿Debemos mantener nuestra esencia, o debemos cambiar? Más aún, ¿son las personas capaces de cambiar?

Sin duda es importante ser fiel a uno mismo. Sin embargo, también es verdad que, ciertas pautas imprescindibles de comportamiento social deben ser observadas. Por más que uno sea muy temperamental, no se puede andar por la vida gritando ante lo mínimo que no nos gusta.

Las malas costumbres pueden educarse, y los defectos innatos, creo yo, pueden suavizarse.

El problema con los defectos innatos es que, aunque se repriman, tarde o temprano saltan a la luz.

Conozco a mucha gente que ha logrado transformaciones importantes de conducta y de personalidad.

De cualquier forma, todo parece indicar que existe un núcleo básico de características que no pueden modificarse. Salvo, claro está, que se atraviese por una experiencia límite.

Ello me lleva a concluir que cada persona es como es. Y si bien es sano intentar mejorar, hay cosas que nunca cambian. Es más, me atrevería a decir que con el paso de los años, se profundizan.

Por lo tanto, no queda otra alternativa más que rodearnos de gente a la que queremos tal como es. Intentar cambiar a las personas es inútil. Lo máximo que puede esperarse es que cada tanto, se esfuercen por hacer algunas concesiones.

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miércoles, 4 de agosto de 2010

¿Monogamia masculina?


Según la forma de pensar en nuestra sociedad, todas las mujeres quieren tener una relación de pareja estable, mientras que los hombres simplemente quieren ir a la cama.

Ya sé lo que me van a decir, hay hombres que quieren una relación seria y mujeres que sólo quieren divertirse, pero enfrentémoslo, no pareciera ser la generalidad.

Esta forma en que se organiza la sociedad es completamente perjudicial para la mujer. Si tuviera un peso por cada chica que padece esta mentalidad, sería multimillonaria.

El hombre que se pone de novio, se compromete o se casa, tiene que lidiar con cargadas y comentarios burlones por parte de otros hombres.

Es que ser monógamo no está bien visto. El matrimonio es una institución bastardeada y devaluada. La fidelidad masculina está en vías a desaparecer. Las pocas que se salvan de los cuernos tienen que agradecer al Cielo. Pero la fidelidad es un presupuesto para que exista una pareja bien constituida. Es lo mínimo que hace falta.

Sinceramente, no tengo muy en claro si esta inviabilidad de la monogamia es de origen biológico o cultural. Sea como sea, las mujeres estamos complicadas.

Ante este escenario macabro, yo me pregunto ¿qué nos queda?

Abogo por las mujeres que aún defienden su dignidad. Somos libres de elegir a alguien que nos respete y nos valore. Y si no hay nadie que cumpla las condiciones, pues estaremos solas.

Las invito a romper con todas las estructuras y solemnidades inútiles que rodean a la relación de pareja.

Mantengan sus espacios. Si pueden, tengan cuartos y baños separados. Es importante que cada uno tenga sus actividades propias. No intervengan en las actividades del otro. Una pareja es igual a dos individualidades.

Conserven el misterio. Estén siempre femeninas y prolijas.

Los celos no sirven. Créanme si las quieren engañar, las van a engañar igual.

Quiéranse. Sepan lo que ustedes valen. Y buena suerte.
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jueves, 22 de julio de 2010

El machismo en la intimidad


Existen muchas revistas femeninas que hablan acerca de cómo hacer felices a los hombres en la cama.

Todas sabemos que el factor-habitación es muy importante para el sexo masculino. Nadie niega que sea fundamental mantener contentos a nuestros compañeros, y reconocemos que sin eso difícilmente pueda haber paz en la pareja.

Pero pocas veces el planteo gira en torno a qué deberían hacer los hombres para mantener a sus mujeres incentivadas en el plano sexual.

Pareciera que el deseo femenino está subestimado. Es como si el disfrute del hombre tuviera prevalencia sobre el disfrute de la mujer.

Si uno lo analiza, el orgasmo masculino es necesario, en general, para lograr un embarazo, no así el femenino. De este dato natural parte toda una cultura que coloca a la mujer en un lugar secundario al momento del encuentro sexual.

Sin caer en el extremo de las culturas que recurren a la ablación de clítoris, aún en Occidente persiste una mentalidad pobre en lo que respecta al placer de la mujer.

A la idea de la mujer geisha que se preocupa por satisfacer los deseos de su hombre, debería sumarse la necesidad de que éste mantenga entusiasmada a su par.

Para ello es importante comprender la psiquis femenina. Los hombres son eminentemente visuales. Las mujeres somos diferentes. Nos gusta que nos hagan sentir seguras y mimadas.

Un hombre que lleva a su mujer a comer a un lugar lindo, con champagne y velas, probablemente obtenga una mejor noche de sexo, que otro que se pase dos horas embobado frente al televisor, sin siquiera preguntarle a su chica cómo pasó su día.

No estoy diciendo nada nuevo. A la mujer hay que mantenerla contenta, al igual que al hombre.
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domingo, 30 de mayo de 2010

La cultura de la culpa


Les cuento que estoy haciendo el curso prematrimonial. No sé si les dije, pero me caso.

Bueno, cuestión que fuimos con mi novio a una charla que daba una pareja que está casada hace muchos años.

Éramos varios. Se hizo bastante ameno. Tocamos temas como el compromiso, la convivencia, la fe, la paciencia, la fidelidad, etc.

Con respecto a este último tema, se dijeron algunas cosas que me llamaron la atención. Perdonen que sea un poco repetitiva. Tengo claro que este asunto de la fidelidad ya lo abordamos hace unos pocos posts, pero en esta oportunidad, es otro el enfoque que quiero darle.

En un momento de la reunión, el señor casado nos preguntó porqué pensamos que se da el tema de la infidelidad en el matrimonio. Una de las chicas que se está por casar, respondió que la gente es infiel porque no encuentra suficiente comprensión en su pareja.

A mí esa respuesta me hizo ruido. Entonces yo le contesté que para mí esa es una forma de pensar bastante característica de nosotras las mujeres, pero no tanto de los hombres. A ver, puede que algún que otro hombre engañe a su mujer porque “no se siente lo suficientemente comprendido”. Sin embargo, no creo que sea el caso de la mayoría.

Y así caemos en, la tantas veces enunciada, diferenciación entre las infidelidades femeninas y masculinas. La mujer engaña cuando le pasa algo en el corazón (perdonen la cursilería). El hombre engaña cuando le pasa algo allí abajo.

De nuevo, no estoy diciendo que esto se aplique a todos los hombres y mujeres del mundo. Sólo estoy afirmando que, en general, esto es así. Y no es ninguna novedad.

Pero cuando dije esto en la reunión del prematrimonial, todos me miraron como si estuviera hablando en ruso. Parecía que no sólo nadie compartía mi opinión, sino que no tenían la más mínima intención de, siquiera, considerarla. Entonces el señor casado me miró con una mezcla de escepticismo y desgano y me dijo: “cuando uno de los dos es infiel, es porque falló el diálogo en la pareja”.

Yo, sin ánimo de ponerme a discutir como una loca, pensé para adentro mío: “NO, muchas veces vos das los mejor de vos y te ponen los cuernos porque tu marido se calentó con las lolas de la vecina”. Es evidente que no podía contestar eso ¿no?

A lo que voy es a que me parece ridículo pensar que si te fueron infiel, por algo es ¡Cuántas pobres mujeres mortificadas hay por el mundo gracias a esta mentalidad! Mujeres carcomidas por el siguiente interrogante: ¿Qué hice mal? Te tratabas de mantener linda, lo cuidabas, lo escuchabas y hasta accediste a hacer cosas impensadas en la cama para no perderlo… y aún así salió a buscar aventuras fuera de tu casa…

No es tu culpa, querida. Es todo atribuible al modo de ser masculino, diseñado para esparcir la semilla. Muchos hombres no pueden dominarse por respeto al ser amado. No le demos más vueltas.

Mis amigas, desde este humilde espacio, las invito a salir del universo de la culpa, y a abrazar una autoestima sólida. Como dicen en la publicidad: porque vos lo valés.
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miércoles, 19 de mayo de 2010

El engañoso camino de la fidelidad


Cuando nos ponemos de novios, nos comprometemos implícitamente a ser fieles. Casi nunca decimos: “voy a serte fiel”, nos ponemos de novios y punto. Se sobrentiende que no se puede estar con nadie más.

Cuando nos casamos, esa promesa de hace explícita “prometo serte fiel en la salud y en la enfermedad…”

La fidelidad es, como venimos diciendo, una promesa ¿Qué prometemos? Que no vamos a intimar con ninguna otra persona sin el consentimiento de nuestra pareja. Surge con claridad que se trata de un concepto que no existe sin un compromiso. No se puede ser fiel o infiel sin previamente haberse comprometido con alguien.

Este compromiso, en general, se hace bilateralmente y simultáneamente con la otra persona. Uno promete ser fiel y espera que el otro también lo sea.

Lo engañoso comienza cuando uno de los dos rompe su promesa. Creo firmemente que esto provoca una ruptura del vínculo de la pareja. El compromiso inicial, bilateral y simultáneo ya no existe. Por lo tanto, ya no existe la relación.

He observado con preocupación como muchas personas, en su mayoría mujeres, hacen una interpretación retorcida del concepto de fidelidad. Piensan que deben seguir cumpliendo su promesa aún después de haber sido repetidamente engañadas.

Se atan, de esta manera, a relaciones enfermizas, en las que soportan estoicamente desaires y humillaciones para “salvar la pareja”. No se dan cuenta que ya no hay pareja que salvar y se engañan a sí mismas creyendo que las cosas van a cambiar.

Seamos fieles a nosotras mismas, a nuestra dignidad, y cortemos por lo sano. Merecemos que nos quieran bien.
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lunes, 19 de abril de 2010

Inmensidad


Hoy les escribo conmovida.

Quisiera que esta sea una invitación a la reflexión para todos aquellos que tengan la suerte de contar con alguien que los quiera. A su vez, que sea un mensaje de esperanza para aquellos que se sienten solos.

¿Alguna vez escucharon esa lectura de la Biblia que dice: "el amor es compasivo, paciente…" y un par de cosas más? Es re conocido. Lo leen en todos los casamientos. La verdad es que no lo sé de memoria, y tampoco me acuerdo de la cita exacta (búsquelo ustedes), pero les juro que es tal cual.

El que ama todo lo da. Así es el hombre que tengo al lado. Generoso e incansable. No importa qué tan destruida estoy. Puedo estar en mi peor momento, pero él ve más allá de lo circunstancial. Se ha quedado conmigo en la calma y en la tormenta. Está seguro de mí. Tan seguro que, como les dije, estoy conmovida.

Me cuida y me quiere, y aunque no siempre dice la frase justa, lo hace con las mejores intenciones y con todo su esmero.

El amor es imperfecto. No lo pretendo de otro modo. Somos imperfectos.

Tengo mucha fe en la frase “el que busca encuentra”. Creo que las mujeres tenemos ganas de amar y ser amadas. Nos lo merecemos. Ojalá todas lo encuentren. Se los deseo con toda mi alma.
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lunes, 29 de marzo de 2010

El pecado de no entrar en el molde


Pareciera que existe un modelo predeterminado de lo que una buena mujer debe ser. Desde que nací en adelante, me he cansado de escuchar qué es lo que una señorita puede hacer y qué es lo que no debe hacer. Y si alguien osa a no acatar estas normas preestablecidas, la condena social es terrible.

Una señorita no puede tener carácter fuerte. “Con ese carácter no vas a conseguir novio” o “te vas a quedar solterona”. Siempre que una mujer contesta o reacciona frente a algo que la indigna, se asume directamente que “tiene carácter podrido”. Si manifestamos un enojo que salga de los límites de lo políticamente aceptable nos tildan de “locas” o “histéricas”.

Una señorita no debe tener opiniones muy formadas. Y si creemos con convicción en algo, entonces “somos soberbias”.

Una señorita debe ser humilde. Es que tener confianza en vos misma y sentirte bien en tu piel no está bien visto: "¿Y esta quién se cree? ¿Miss Universo?"

Una señorita tiene que querer tener hijos. De lo contrario, estaría yendo en contra de la naturaleza, de la ley de la vida. “La mujer que no es madre nos es mujer plenamente”. ¡Que cosa tan ridícula!

Estaría bueno que nos dejaran ser como somos, independizándonos de tanto prejuicio que anda dando vueltas.

Las mujeres no somos “histéricas”, tenemos sangre en las venas y tenemos carácter, como cualquiera, y punto. No somos soberbias ni creídas, simplemente tenemos las ideas claras y una autoestima sólida.

A la gente le molesta mucho cuando alguien no encaja en el molde.

No olvidemos que los preconceptos no hacen más que disminuir intelectualmente a quienes los esgrimen.
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domingo, 21 de marzo de 2010

La irresponsable


Tener un hijo es la decisión más importante que uno va a tomar en su vida. Permítanme fundamentar esta afirmación. Cuando elegimos qué carrera seguir, a dónde ir de vacaciones o con quién casarnos, generamos consecuencias principalmente para nosotros mismos. Seguramente afectaremos también la vida de otras personas, pero de modo indirecto. Y, en todo caso, se trata de personas conscientes.

Cuando se trae a una persona al mundo, ya no se trata sólo de uno, se trata de un tercero: el hijo o hija.

El progenitor es plenamente responsable por esa persona que engendra.

Para tener un bebé hacen falta muchas cosas. Primero, estabilidad emocional y madurez suficiente de los padres. Si uno no puede con sí mismo, menos aún podrá con un hijo. También se necesita cierta seguridad económica. No es justo que un niño deba padecer necesidades básicas.

Sin embargo, veo con tristeza como, en la práctica, estos factores no son tenidos en cuenta al momento de procrear.

Adolescentes ignorantes que no usan métodos anticonceptivos, gente sumida en la pobreza con siete hijos, solteros y solteras desesperadas alquilando vientres o pidiendo esperma prestado. Me parece muy deprimente.

Estoy cansada de escuchar a la gente decir que necesitan ser padres para realizarse como personas. A ver si lo entendemos, el acto dar vida es muy delicado, no es una solución para encontrarle sentido a la vida ni para hacer algo con nuestro tiempo de sobra. Si estás aburrida, comprate un perro.

Es muy común que los hijos cuiden a sus papás en la vejes, pero desterremos esta idea de que los hijos son propiedad de los padres. No los tenés para que después te cuiden. No tienen porqué pagar por nuestros errores y no tienen porqué hacer de sus vidas lo que a nosotros nos parece conveniente.

Dar vida puede ser un acto de generosidad o de egoísmo, según cómo se encare.
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